El ahorro

El ahorro de dinero es parte fundamental de nuestra estrategia para vivir de los dividendos. Sin ahorro no hay inversión y sin inversión no podemos construir las fuentes de ingresos pasivos con las que intentaremos alcanzar la independencia financiera.

¿Qué es el ahorro?

El ahorro consiste en separar una parte de los ingresos de una persona o empresa con el fin de guardarlo para el futuro y poderlo utilizar para hacer frente a gastos planificados, imprevistos o emergencias económicas. Se puede ahorrar de manera consciente, destinando un importe prefijado a ese fin o simplemente guardar el dinero sobrante después del consumo. Porque eso es precisamente el ahorro: la parte de los ingresos que no se dedican al consumo. En este sentido, existen muchos tipos de ahorro, muchas maneras de ahorrar y muchos instrumentos financieros pensados como vehículo para el ahorro y para incrementar el mismo.

Si buscamos en la Real Academia Española la definición de ahorrar encontraremos diferentes acepciones:

  • Reservar una parte de los ingresos ordinarios como, por ejemplo, ahorrar para la vejez.
  • Guardar dinero como previsión para necesidades futuras.
  • Evitar un gasto o consumo mayor como, por ejemplo, ahorrar agua, papel o energía.

En general, el ahorro es el excedente de cualquier bien económico al final de un periodo pero, como veremos más adelante, no es muy buena idea esperar a ver qué queda porque si no hay una cierta planificación es difícil que quede algo. La sociedad consumista actual es un escaparate continuo de ofertas muy atractivas y es complicado teniendo dinero renunciar a ellos si no tienes las ideas muy claras.

Se habla de ahorro de las personas, de las familias, de las empresas e incluso de las naciones. Aquí nos centraremos en los dos primeros, que es sobre los que podemos actuar para mejorarlos. El ahorro es un concepto que existe desde siempre y ya en el siglo XV apareció la primera organización del ahorro, que era un monte de piedad pensado para cuidar a sus integrantes del robo. En esa época aparecieron también los primeros bancos, donde los clientes guardaban sus ahorros.

Puedes plantearte muchas razones diferentes para ahorrar. Puedes ahorrar para comprar una casa, ahorrar para el retiro o ahorrar para el estudio de los hijos. También puedes ahorrar para la vejez o ahorrar para unas vacaciones. Pero nosotros pensamos en ahorrar con un objetivo un tanto ambiguo: mejorar nuestra situación financiera. Y concretando un poco, para ir construyendo fuentes de ingresos pasivos hasta alcanzar la independencia financiera.

Al ser un objetivo a largo plazo parece menos “real”, pero por el camino tendremos muchos pequeños objetivos parciales: ganar 100 euros al mes de manera pasiva, luego ganar 200 euros, luego 300… hasta que alcancemos la libertad financiera.

En el fondo esa es la importancia del ahorro: independientemente del objetivo que te hayas marcado, el ahorro mejora la salud financiera de tu familia y la hace más resistente a imprevistos. Y eso trae consigo una indudable mejora de tu calidad de vida. La seguridad te proporciona tranquilidad, estabilidad y una mayor capacidad de sobreponerte a los problemas que puedan aparecer. Con dinero los problemas son menos.

Tipos de ahorro

El ahorro se puede clasificar en:

  • Ahorro público, que es el realizado por el Estado y que es la diferencia entre sus ingresos (impuestos básicamente) y sus gastos, que incluyen sanidad, educación, sistemas de previsión, infraestructuras, justicia, seguridad nacional, etc…
  • Ahorro privado, que es el realizado por organizaciones privadas que no pertenecen al estado, como las familias, las empresas y las organizaciones sin ánimo de lucro.

El ahorro de las familias, que es el que más nos interesa, se calcula restando a la renta disponible familiar lo que consume y los impuestos. Cuando se habla de renta disponible familiar se incluyen los ingresos de todos sus miembros. Normalmente se piensa en ingresos del trabajo, pero si la familia invierte en activos (acciones, fondos, bienes inmuebles, etc…) estos también pueden generar ingresos y el ahorro será mayor.

En España una de las maneras más habituales de ahorrar es invertir el excedente en inmuebles, pero ni es la única manera de gestionar el ahorro ni posiblemente la mejor para la mayoría de personas. Recuerda que los inmuebles tienen muchos gastos asociados, como los gastos de financiación (hipoteca), los gastos de comunidad, el seguro, el impuesto de bienes inmuebles, los consumos mínimos de los diferentes suministros, etc…

Uno de los tipos de ahorro más habituales es el destinado a la jubilación. El sistema de previsión público tiene muchas carencias y, aunque hasta el momento ha funcionado bastante bien, lo cierto es que hay muchas voces autorizadas que dudan de su viabilidad futura. Por eso, destinar una parte de tus ingresos a comprar tu jubilación es una muy buena opción.

Estrategias básicas de ahorro

Ser ahorrador es algo que algunas personas llevan en la sangre. No les cuesta ningún esfuerzo porque son de gastos austeros y el ahorro surge como algo natural, al gastar menos de lo que ingresan, sin más.

Para el resto de gente lo más eficiente es incorporar una serie de medidas a sus rutinas diarias y seguirlas a rajatabla. Incluso la gente que tiene el gen del ahorro mejorará la tasa de ahorro si las sigue. Tampoco quiero engañarte, no hay una receta maravillosa, pero siguiendo estas instrucciones seguro que mejorará tu ahorro mensual. Si te fijas, no son soluciones revolucionarias. La mayoría están basadas en entender cómo funciona el dinero y en consumir de una manera más responsable, pero sin renunciar a vivir disfrutando de tu patrimonio.

Entiende en qué gastas tu dinero

O dicho de otro modo, haz un control de tus gastos para ver cuánto dinero se escapa en cada partida. De esa manera podrás hacer muchas pequeñas acciones que mejorarán tu salud financiera sin renunciar a vivir como vives actualmente.

¿Sabes cuánto dedicas a ocio, cuánto a recibos, cuánto a seguros y cuánto al coche? Pues si no lo sabes es difícil que puedas corregir los desajustes que puedan producirse. Llevar un control de gastos es un muy buen instrumento para diagnosticar tu economía doméstica y hacer una previsión para el año siguiente. Seguro que tienes clarísimo cuánto ingresarás, pero es posible que no sepas cuánto gastarás.

Si sabes cuánto gastarás tendrás clarísimo cómo pueden afectarte los diferentes contratiempos que puedan llegar. ¿Qué ocurre si tú o tu pareja perdéis el trabajo? ¿Y si os cambian el horario y tenéis que llevar al niño a la guardería más horas? ¿Y si el coche se estropea y tenéis que comprar uno nuevo?

Págate a ti mismo primero

O dicho de otro modo, decide cuánto quieres ahorrar y sepáralo de la cuenta principal inmediatamente. Así no tendrás tentaciones de gastarlo. Por supuesto, esa cantidad de dinero no debe ser una cantidad escogida arbitrariamente sino que debe ser asequible pero exigente al mismo tiempo. No vale decir “quiero ahorrar 600 euros al mes“. ¿Por qué 600 €? ¿Por qué no ahorrar 700 euros al mes?

¿Cuánto dinero crees que puedes ahorrar? Pues de entrada ni idea, así que será imprescindible tener muy clara cuál es la renta disponible y hacer un control de gastos durante un tiempo, ver cuánto dedicas a cada partida, valorar cuáles son tus necesidades reales, ver qué gastos puedes reducir y cuánto podrías ahorrar sin que afecte demasiado a tu nivel de vida. Si lo haces te sorprenderás al ver la cantidad. Normalmente hay muchos gastos que no tienes controlados y que son agujeros por donde se escapa el dinero sin aportarte nada a cambio. El dinero se va simplemente porque no lo sabes.

Lo mejor de todo es que, una vez revisada tu economía familiar, es posible que te sorprendas y puedas ahorrar aún más de lo que pensaba. Igual te quedaste corto al hacer tus estimaciones y puedes pensar en ahorrar 800 euros al mes. du

De todas maneras, piensa que lo que nos interesa es el ahorro a largo plazo, que va añadiendo cada mes más dinero al fondo de ahorro. Sin prisa pero sin pausa. Aquí lo más importante es la constancia, así que hay que pensar bien la cantidad. Si te pasas y te pones como objetivo un ahorro extremo, lo dejarás. Y si te quedas corto, no avanzarás suficientemente deprisa. Recuerda: el objetivo debe ser asequible pero exigente y, al mismo tiempo, debe permitirte disfrutar del camino.

Si tus ingresos son irregulares y no puedes plantearte un objetivo de ahorro mensual no te preocupes. Plantéate un objetivo de ahorro anual. Requerirá algo más de disciplina y control, pero es perfectamente viable. En cualquier caso, definir un plan de ahorro a priori en el que decidas, de una manera realista, cuánto ahorrarás cada mes es una gran decisión que te ayudará a no desviarte del camino.

Ten un fondo de imprevistos

Es imprescindible tener una cantidad separada para los gastos que vienen por sorpresa. De esta manera no dejarás de ahorrar aunque tengas algún imprevisto. Por supuesto, si el fondo de imprevistos se reduce porque has hecho uso de él, lo primero que tendrás que hacer es reponerlo para estar cubierto inmediatamente.

Gasta menos de lo que ganas

No tienes que comprar todo lo que tienes a tu alcance simplemente porque tengas dinero o capacidad de endeudamiento para ello. Considera el ahorro un gasto más al que no puedes renunciar y separa ese dinero mensual inmediatamente. Si con el dinero restante no puedes llegar a ciertas cosas, simplemente tendrás que renunciar a ellas. No pienses que lo necesitas o que te lo mereces. Si no tienes dinero suficiente para ello, no puedes tenerlo.

Esto, que parece tan sencillo y que tenían tan claro nuestros padres, hoy en día se ha vuelto realmente complicado. La sociedad vive en un consumismo continuo y generalizado. Y es muy complicado no comprarte un determinado producto si todo tu entorno lo tiene y lo considera básico.

Y hay muchos instrumentos a nuestro alcance para conseguir esto. Por ejemplo, comprar las cosas a medida que las vas necesitando es mucho menos efectivo que comprar productos para varios meses aprovechando las ofertas del supermercado. Es cierto que hacer esto te obligará a gastar un importe considerable al hacer la compra, pero no es menos cierto que en los siguientes meses dejarás de gastar en esos productos. Por lo tanto, es simplemente una cuestión de planificación.

Revisa tus facturas

Una buena costumbre es dedicar un día cada cierto tiempo (una vez al año por ejemplo) a revisar todas las facturas. De esta manera podrás detectar servicios que no necesitas o buscar alternativas más baratas. Todos los servicios van cambiando con el tiempo: las compañías tienen nuevas tarifas, los servicios son cada vez más personalizables y seguro que hay cosas que usabas hace un año y que, aunque ahora ya no necesitas, sigues pagando.

Los seguros de hogar, coche y salud, los suministros de agua, luz y gas, el servicio de internet y teléfono, las suscripciones a revistas o el gimnasio son ejemplos de gastos fijos que se pueden reducir ajustando los servicios contratados o cambiando de proveedor. Un día de trabajo al año es suficiente. No parece mucha dedicación si ahorras unos cuantos cientos de euros al año. Y a veces es tan sencillo como demostrar al proveedor que te parece caro para que él busque una solución.

Gasta para ahorrar

Hay veces en que un gasto importante puede resultar en un ahorro importante a medio plazo. Imagínate por ejemplo que gastas mucho en gimnasio y lo utilizas menos de lo que querrías, pero que no quieres dejar de hacer deporte. Una posible solución sería comprarte el equipamiento para hacer deporte en casa: un bici de spinning, un equipo de pesas, una máquina de remo….

O puedes matar dos pájaros de un tiro y hacer deporte yendo en bici a trabajar. De este modo, además de hacer deporte sin pagar un gimnasio también te ahorrarás el dinero del transporte público. Eso sí, requerirá que compres una buena bicicleta, aunque sea más caro. Piensa que a medio plazo seguro que la amortizarás y así te aseguras de que no te acabará dejando tirado.

En la misma línea, no siempre es buena idea gastar poco con el objetivo de ahorrar. En muchos artículos, gastar más dinero es sinónimo de mejor calidad del producto, más durabilidad y, en consecuencia, más ahorro. Ahorrar es reservar una parte de tus ingresos y eso se puede conseguir gastando menos ahora o gastando menos en el futuro. Y hay que escoger la que sea más efectiva en cada caso.

No elimines gastos sociales

Mucha gente se propone eliminar gastos como ir a desayunar a la cafetería en el trabajo llevándose un bocadillo de casa, pero olvidan que este tipo de gastos son compromisos sociales y eliminarlos tiene un coste emocional importante, al sentirte excluido del grupo.

Es muy importante valorar qué gastos son importantes para ti y cuáles son realmente prescindibles, y centrarse en estos últimos.

Ahorro e independencia financiera

El ahorro es una de las bases de la independencia financiera. Por eso, es muy importante aprender sobre finanzas para que el ahorro surja de manera natural, en vez de imponer rutinas de ahorro que no entenderá nuestro entorno. Además, está directamente relacionada con los impuestos y con la inversión. No tiene sentido pensar en invertir si no hay ahorro, pero al mismo tiempo es poco productivo intentar ahorrar sin tener en cuenta los impuestos, ya que estos son uno de tus gastos más importantes.

Pero antes de ir con estos dos aspectos, creo que vale la pena poner el foco en la vertiente psicológica del ahorro.

¿Ahorrador o rata?

Esta será una de las acusaciones que siempre estarán sobrevolando tu actitud hacia el ahorro. Ahorrar está mal visto. La mayoría de gente lo interpreta como diferir el disfrute hasta un futuro que no sabes si alcanzarás. En consecuencia estás guardando algo que no sabes si utilizarás y por eso te tacharán de tacaño o te acusarán de vivir obsesionado por el dinero.

En mi opinión son dos cosas muy diferentes: que ahorres no significa que no gastes el dinero. Sólo significa que guardas una parte pensando en el bienestar futuro de tu familia.

Si ahorras demasiado poco no servirá para nada. Si ahorras demasiado corres el peligro de no disfrutar del camino. En el punto medio está la virtud. Piensa bien cuál es tú actitud ante el dinero y el ahorro y modúlala hasta que te encuentres cómodo. Y cuando estés cómodo simplemente sé consciente de que recibirás críticas por esa actitud.

Ahorro en el hogar

Pensar en el ahorro en casa es pensar en ahorro en pareja o en el ahorro de los hijos. En una familia todos deben ir a una. Por eso es tan importante la educación financiera de tus hijos. De nada sirve que uno ahorre mucho si luego el otro consume de manera compulsiva. Es muy conveniente hablar sobre las rutinas del ahorro y pactar los objetivos de manera conjunta. De esa manera serán mucho más fáciles de conseguir.

A veces será muy complicado, porque no siempre se piensa de igual manera, pero hay que intentar ser flexibles para llegar a ese acuerdo. Si no el ahorro será motivo de enfados continuos.

No hay una fórmula única. En algunos casos lo mejor será pactar objetivos de ahorro familiar, en otros objetivos individuales y en otros simplemente se conformarán con no tener objetivos marcados pero sí hábitos de ahorro compartidos. Aprender a ahorrar en el fondo es identificar los gastos inútiles, eliminarlos y adquirir los hábitos necesarios para no caer en ellos en el futuro.

La influencia de los impuestos

Los impuestos son parte fundamental de nuestra realidad económica y afectan de manera muy significativa a:

  • Los ingresos de la familia, mediante el Impuesto sobre la Renta de las Personas Fïsicas, que grava el trabajo y el ahorro, es decir, cualquier renta.
  • Sus gastos, mediante el Impuesto sobre el Valor Añadido, que grava los bienes de consumo, y el Impuesto de Transmisiones, que grava las transmisiones entre particulares.
  • Sus posesiones, como el Impuesto de Bienes Inmuebles (viviendas), Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica (vehículos) e Impuesto sobre el Patrimonio (riqueza familiar).

Pensar en ahorrar y no tener en cuenta los impuestos (cosa que hace la mayoría de gente) tiene muy poco sentido. Casi cualquier cosa que hagas tendrá un impuesto detrás y es fundamental entender cómo funciona nuestro sistema tributario para hacer una mínima planificación fiscal y optimizar los impuestos. Sin eso nuestro ahorro se verá sustancialmente mermado.

Ahorro e inversión

Es muy evidente, pero no por ello hay que dejar de decirlo: toda inversión ha de financiarse con ahorro. Si no tienes una buena tasa de ahorro no podrás invertir una cantidad significativa de manera periódica y eso se traducirá en que avanzarás muy poco a poco en tu camino hacia la independencia financiera.

Además, esto es una carrera de fondo. No se trata de ahorrar un mes y olvidarnos el resto del año. Lo que hará que alcances el objetivo es la constancia en el ahorro y la inversión durante mucho tiempo. No es sencillo. Nadie dijo que lo fuera pero, si dispones del tiempo suficiente, con constancia lo conseguirás.

Como veremos más adelante, se puede mejorar muchísimo el ahorro sin renunciar a calidad de vida. Lo importante es ser consciente de en qué gastas tu dinero y qué partidas se pueden optimizar. Y luego actuar sobre ellas.

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