Invertir en dividendos para alcanzar la independencia financiera

Conseguir la independencia financiera es difícil, pero no estás sólo en el camino. Aquí encontrarás muchos como tú, que quieren vivir de manera diferente y hacer que su dinero trabaje para ellos mediante la inversión en dividendos. Si quieres saber más, aquí te lo explico todo. Y si ya nos conoces, puedes acceder a nuestras herramientas con estos enlaces:

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Invertir en dividendos para alcanzar la independencia financiera

¿Te gustaría alcanzar la independencia financiera y vivir sin trabajar? Pues tengo una buena noticia para ti: es posible y hay muchos casos de gente que lo ha conseguido.

La clave es generar suficientes ingresos para cubrir tus gastos sin necesidad de dedicar tu tiempo. Y esto puedes conseguirlo de muchas maneras.

  • Puedes comprar inmuebles que produzcan rentas de alquiler cada mes.
  • Puedes construir un negocio online que venda productos en automático.
  • Puedes escribir libros y venderlos en Amazon.
  • O puedes invertir en bolsa.

Es decir, tienes que poner en marcha fuentes de ingresos pasivos que te generen los ingresos necesarios para vivir la vida que quieres vivir sin tener que trabajar para conseguirlos.

En algunos casos tendrás que invertir tiempo o tus habilidades personales, pero lo más habitual es intentar que tu dinero trabaje para ti, invirtiéndolo en negocios que generen más dinero.

Pero este es un blog de dividendos, así que ya habrás intuido que la manera principal que hemos escogido para cubrir nuestras necesidades económicas son los dividendos.

Y eso es lo que explicaremos aquí: cómo vivir de los dividendos. O dicho de otra forma, cómo construir una cartera de acciones de empresas estables y seguras que nos garantice una renta por dividendos suficiente para no tener que vender nuestro tiempo nunca más.

Esto es lo que se llama invertir en dividendos. Y sí, es exactamente lo que estás pensando: una manera de invertir en bolsa. ¡Espera, espera! ¡No te vayas corriendo!

Aunque te parezca sorprendente y contrario a todo lo que has oído por ahí, es una de las maneras más seguras de invertir tu dinero.

Razones para invertir en bolsa

Cuando intento explicar a alguien que todo el mundo debería invertir sus ahorros en bolsa siempre aparecen los mismos prejuicios.

  • La bolsa es un casino.
  • No quiero jugar en la bolsa.
  • Tengo un amigo que lo perdió todo.

Lo cierto es que estrategias para invertir en bolsa hay muchas. Y decir que invertir en bolsa es peligroso es tan ridículo como decir que jugar a fútbol es peligroso.

Puedes jugar a fútbol el sábado después de haber entrenado durante la semana, calentando antes de empezar a jugar, estirando al acabar y jugando con gente de tu nivel y que sólo buscan divertirse. Seguro que lo pasas genial.

Pero si vas a jugar un sábado con gente que juega cada semana y va en serio, después de años sin tocar un balón y sin perder ni un minuto calentando, lo más probable es que acabes lesionado.

Pues con la bolsa es parecido.

Aquí te enseñaremos estrategias de inversión en bolsa en las que se prioriza la seguridad del capital invertido intentando construir una cartera de valores a largo plazo que genere las rentas que nos permitirán vivir como queramos.

Fíjate que hemos dicho “a largo plazo”.

Esto es importantísimo.

Si lo que buscas es hacerte rico rápido aquí no lo encontrarás.

Si partes de cero y quieres dejar de trabajar en dos años, aquí no sabemos cómo hacerlo.

No somos gurús que tenemos el secreto para ganar mucho dinero y muy rápidamente. Y si lo tuviéramos no creo que lo compartiéramos contigo.

Nuestro método es mucho menos atractivo, pero es un método ganador. Y muy sencillo, por cierto: invertir en bolsa a largo plazo en empresas de mucha calidad y dejar actuar el interés compuesto.

Muchos preguntan cuánto dinero necesitas para empezar a invertir en bolsa cuando lo realmente importante es el tiempo del que dispongas para conseguir tus objetivos.

Así que nada de acercarnos al mercado de valores para especular, para comprar empresas colilla o para apostar a que una empresa tiene que subir porque el gráfico lo dice.

A estas alturas estarás pensando…

¡Vaya! Yo que pensaba que me iba a hacer rico y resulta que me dicen que tengo que esperarme quince o veinte años.

O peor aún, igual estás dándole vueltas todavía a si realmente es rentable invertir en bolsa.
Porque todo el mundo dice que es un casino, ¿no?

En las próximas líneas intentaré convencerte de que dedicar esos quince o veinte años vale la pena porque realmente puedes ganar dinero invirtiendo en bolsa para no tener que trabajar o mejor dicho, generar suficientes dividendos cada mes para no tener que vender tu tiempo a cambio de un salario.

¿Y por qué los dividendos?

La estrategia de inversión en dividendos es una estrategia de inversión en bolsa rentable y segura. Tal y como su nombre indica, consiste en comprar acciones de empresas que pagan dividendos.

Sencillo, ¿no?

Compras acciones de Nestlé porque su Consejo de Administración decidió que parte de su beneficio se destinará a compensar al accionista, es decir, a ti.

Además, como Nestlé es una buena empresa que cada año gana más dinero, lo lógico es que:

  • Sus acciones cada vez valgan más dinero. Por lo tanto, a largo plazo tu inversión está segura. Fíjate que otra vez hablamos de que es a largo plazo.
  • Cada año podrá pagar un dividendo mayor, al tener unos beneficios mayores.

Es más, esto ha pasado en las últimas décadas. Las acciones de Nestlé cada vez valen más dinero y sus accionistas están acostumbrados a cobrar dividendos que crecen año a año.

Y precisamente por esto el inversor en dividendos no vende nunca las acciones. No tiene sentido vender unas acciones que cada vez pagan un dividendo mayor y cada vez valen más.

Vender implica pagar comisiones, pagar impuestos y encontrar otras empresas que lo hagan igual o mejor. Por eso es mucho mejor mantenerlas, siempre que sigan cumpliendo las premisas, e incorporar otras empresas que sean aptas para la estrategia.

¿Son todas las empresas como Nestlé? No.

La política de dividendos, es decir, el hecho de pagar o no dividendos y el importe de los mismos es algo que deciden las compañías a través de su Consejo de Administración y que debe ser aceptado en la Junta General de Accionistas. Normalmente la política de dividendos para los siguientes años suele quedar recogida en el plan estratégico de la empresa.

Hay empresas que deciden que no haya remuneración al accionista, porque prefieren reinvertir todos los beneficios para que la empresa crezca o abra nuevas líneas de negocio. Esto es propio de las empresas en crecimiento.

Si queremos vivir del dividendo, estas empresas no son una buena opción.

Otras pagan dividendo pero en función de los resultados y, como estos son cambiantes o no son suficientemente buenos, no lo pueden incrementar cada año. Podemos decir que para estas empresas la retribución al accionista no es una prioridad.

Este año te pagan 1 € pero el año que viene pueden bajarlo a 0,5 €.

Obviamente, si estos dividendos pagarán tus gastos y sustituirán a tu trabajo, este tipo de empresas no nos interesan. Imagínate que el año que viene tu salario bajase un 50%. Mal asunto, ¿no?

Finalmente tenemos las empresas que cada año ganan más dinero y, como consecuencia, cada año repartirán más dinero a los accionistas.

Este último grupo de empresas son las que son realmente interesantes para invertir por dividendos. Imagínate que en tu trabajo te subieran el salario un 8% cada año. Sí. Cada año. Sería genial, ¿no?

Pero empecemos por el principio…

¿Qué es el dividendo?

Como explicaba antes, los dividendos son la parte de los beneficios que la empresa decide pagar a sus accionistas.

El importe del dividendo, las fechas y la forma de pagarlo se propone por el Consejo de Administración y se aprueba por la Junta General de Accionistas, así que, en general, es un compromiso adquirido por la empresa hacia sus accionistas, que en el fondo son sus propietarios.

Una empresa gana 4 euros por acción y su Consejo de Administración decide repartir 2 euros a los accionistas y dedicar el resto a mejorar la capacidad de crecimiento futura, es decir, a mejorar el negocio para seguir creciendo. En este caso, el dividendo será 2 euros por acción.

Como la cotización de las acciones es un dato conocido, es muy fácil calcular la RPD.

¿Qué es la rentabilidad por dividendo o RPD?

Es el importe del dividendo dividido por el precio de la acción y expresado en porcentaje.

Imaginemos que la acción cotiza a 40 euros.

Si el dividendo es 2 euros por acción y la acción cotiza a 40 euros, la rentabilidad por dividendo será del 5%.

Un detalle: el dividendo se suele expresar en importe bruto. Por lo tanto, la rentabilidad real será inferior a ese 5% al tener que pagar los correspondientes impuestos.

Cada empresa decide cuánto paga de dividendo, en cuántos pagos y las fechas de pago:

  • Las empresas españolas suelen hacer dos pagos, igual que las británicas.
  • Las empresas europeas se suelen decantar por un único dividendo.
  • Las empresas estadounidenses y canadienses suelen pagar el dividendo trimestralmente.

Hay inversores a los que les preocupa mucho el calendario de dividendos de bolsa, es decir, cuándo se pagan los dividendos de acciones, para intentar cobrar un importe más o menos constante cada mes, pero en mi opinión es un tema poco importante.

La preocupación principal debería ser comprar empresas de calidad que cumplan nuestros criterios y no cuándo se pagan los próximos dividendos de bolsa. Si luego hay meses que en los que cobras menos dividendos , la solución es bien sencilla: ten en la cuenta siempre un mínimo de efectivo para hacer frente a todos los gastos también en los meses en los que ingresas menos dinero.

Tipos de dividendos

Tenemos claro que el objetivo es cobrar dividendos de acciones de empresas ganadoras a largo plazo, pero ese dividendo se puede pagar de muchas maneras.

Esto nos lleva a diferentes clasificaciones del dividendo.

En función del origen de los beneficios

El dividendo ordinario es el dividendo que se paga a cargo de los beneficios corrientes de la empresa, es decir, de su negocio propio y recurrente.

Por ejemplo, lo que Allianz gana vendiendo seguros o BMW vendiendo coches.

Por contra, los dividendos extraordinarios se pagan gracias a un beneficio no recurrente o extraordinario.

Imaginemos que Allianz o BMW venden instalaciones o alguna participación en otra empresa, y no saben cómo invertir ese dinero en la empresa para hacer crecer el negocio. En este caso pueden decidir pagar un dividendo extraordinario a los accionistas.

Este tipo de dividendo no se debe tener en cuenta al valorar una empresa al no tratarse de un pago recurrente.

En función del número de pagos

Cuando el dividendo ordinario se paga de una sola vez se le llama dividendo único. Esto es lo habitual en las empresas europeas.

Si el dividendo se paga en dos veces, el primero de ellos se llama a cuenta. La razón es que es un dividendo a cuenta o dividendo a cargo del ejercicio cuyos beneficios permiten pagar ese dividendo.

El segundo dividendo se suele llamar dividendo complementario, porque en ese momento la empresa ya sabe el beneficio total del ejercicio y puede complementar el pago al accionista con los datos definitivos. Esto es lo habitual en España y en Reino Unido.

Si el dividendo se paga en más de dos veces, se suele decir que el último dividendo es el complementario y todos los demás son a cuenta. En Estados Unidos y Canadá, que son dos países con muy buenas empresas para la estrategia de dividendos, se suelen pagar en cuatro veces.

En función del modo de retribución

Los dividendos se pueden pagar en efectivo, que es lo más habitual, o en acciones.

Piensa que cuando una empresa paga los dividendos a los accioniestas, estamos hablando de muchos millones de euros que salen de la caja. Y esos millones de dividendos pueden suponer un problema cuando la empresa pasa por dificultades económicas.

Eso hace que la empresa opte en algunos casos por hacer una ampliación de capital liberada, es decir, crear nuevas acciones y repartirlas a los accionistas como retribución. Les suelen poner nombres muy rimbombantes (scrip dividend, dividendo flexible, dividendo opción, etc…), toda incluyendo la palabra “dividendo”.

¡Mucho ojo con esto! Pagan a los accionistas con acciones y de manera proporcional al número de acciones que tenían antes. Pero son acciones nuevas. Es decir, tienes más acciones pero con un valor inferior de manera proporcional a las nuevas acciones que hay en circulación.

En resumen: te quedas igual. No te han pagado nada. No es un dividendo.

Cierto es que dan la opción de vender esas acciones y cobrar el efectivo (de ahí que pongan palabras como “flexible” u “opción” en el nombre), pero si las vendes, estás diluyendo tu participación en la empresa.

O lo que es lo mismo, regalan a todos los accionistas acciones que no existían, con lo cual todas las acciones valen menos y si las vendes tienes menos participación en la empresa.

¿Cuándo es un dividendo real?

Cuando la empresa amortiza estas nuevas acciones. Es decir, cuando compra las acciones en el mercado y vuelve a reducir el número de acciones hasta el número que había antes de la ampliación.

También si la empresa entrega las acciones de su autocartera. Es decir, si tiene acciones suyas y las entrega a los accionistas sin crear acciones nuevas.

En estos casos es incluso mejor que un dividendo en efectivo, porque no pagarás impuestos hasta el momento en que vendas las acciones. Y los inversores en dividendos intentan no vender nunca las acciones, porque son las que pagan los dividendos.

Hay otras modalidades de dividendo de pago en acciones, como los DRIP (Dividend ReInvestment Plan), que son más habituales en mercados anglosajones y que consisten en cobrar el dividendo y automáticamente comprar acciones de la misma empresa al precio de mercado. Ya trataremos esta modalidad de pago en profundidad más adelante.

¿Pero invertir en dividendos es realmente rentable?

Llega el momento de pasar a la acción, pero ¿es todo tan bonito como lo pintas?

Seguro que has oído por ahí que la rentabilidad de los dividendos es una falacia, porque el importe de los mismos se descuenta automáticamente de la cotización.

Profundicemos un poco más en esto. Una vez la empresa ha decidido el importe del dividendo, llega un día en que la empresa aparta ese importe para pagárselo a los accionistas. Esa fecha se llama ex dividendo, porque es el día en el que el dividendo sale de la empresa.

Esto se traduce en una reducción inmediata del valor de la empresa. Si la empresa vale 100.000 millones de euros y salen de la empresa 1000 millones en dividendos, la empresa pasará a valer 99.000 millones de euros.

Y esto debería recogerlo la cotización. Es decir, si el dividendo por acción es 1 € lo normal es que el día ex dividendo la cotización de la acción se reduzca en 1 €.

¡Pues vaya negocio! Si me pagan un dividendo pero la cotización de la empresa se reduce en 1 € me quedo igual. O peor, porque del dividendo cobrado tendré que pagar una parte en impuestos…

Esta idea se deriva de la Hipótesis del Mercado Eficiente o HME, que defiende que las acciones recogen en la cotización toda la información disponible (como el pago de dividendos), como si los inversores actuasen en todo momento de una forma racional.

En la práctica esto no es así y las cotizaciones se guían principalmente por las emociones y por el ruido de mercado.

Las buenas empresas se caracterizan por crecer, valer cada vez más, aumentar sus beneficios y pagar año tras año un dividendo mayor.

Poco importa la cotización en el corto plazo si nuestras empresas son capaces de pagar cada año un dividendo mayor al del año anterior. En plazos de inversión largos la bolsa es alcista y si hemos escogido empresas fuertes y estables, lo más probable es que el valor de nuestras acciones, siempre en el largo plazo, sea también cada vez mayor.

Las mejores acciones por dividendo

Por eso es importante escoger muy bien las empresas que forman parte de nuestra cartera.

Cuando la gente habla de cazadividendos, término que se ha puesto muy de moda últimamente, a veces se refieren a inversores que compran las acciones justo antes de pagar el dividendo.

Ya hemos visto que esta estrategia depende un poco de la suerte, porque las cotizaciones a corto plazo son imprevisibles. Para empezar es posible que al cobrar el dividendo se descuente de la cotización, tal y como dice la teoría. Como decía antes, si pensamos en un plazo de inversión largo estas fluctuaciones en la cotización no son importantes, pero si pensamos en vender justo después de cobrar el dividendo, marcarán el éxito o fracaso de la operación.

Otras veces se piensa en inversores que sólo buscan una alta rentabilidad por dividendos. Hay que tener cuidado con este tipo de empresas porque una alta rentabilidad por dividendo significa o que la cotización es muy baja o que el dividendo es muy alto, y ambas situaciones pueden ser señales de futuros problemas.

La estrategia de dividendos consiste en buscar empresas que cumplan los siguientes requisitos:

  • Deben ser empresas de primer nivel, líderes mundiales de su sector y a ser posible con barreras de entrada altas.
  • Deben tener un buen historial de dividendos. Esto significa que lleven muchos años incrementando o como mínimo manteniendo el dividendo. Idealmente deberían crecer por encima del 4-5% anual para superar a la inflación.
  • Deben poder seguir con esa trayectoria de dividendos en el futuro. Es decir, los beneficios deben ser suficientes para poder seguir aumentando los dividendos a ese ritmo.

Con estos tres sencillos filtros ya evitaríamos muchas empresas que no nos valen.

No se trata de comprar las mayores empresas o las empresas con mayores dividendos de España. En general, las empresas españolas suelen tener una mayor rentabilidad por dividendo que las de Estados Unidos, Reino Unido o Alemania,

Salvo honrosas excepciones, las empresas del Ibex no tienen grandes historiales de dividendos y muchas hacen uso del scrip dividend sin amortización, cosa que no es más que engañar al accionista con un dividendo que no es tal.

Los mejores dividendos del Ibex 35 y del Mercado Continuo se pueden contar con los dedos de una mano: Red Eléctrica, Enagas, Viscofan, Inditex y Ebro Foods. Hay alguna más que no tengo en cuenta por una cuestión de tamaño. Estas empresas llevan años incrementando el dividendo a un buen ritmo.

El resto pagan un buen dividendo pero no lo mantienen cuando hay problemas. La razón es que para pagar ese dividendo tienen un pay out demasiado alto. El pay out es el porcentaje de los beneficios que pagan el dividendo.

Si una empresa gana 2 € por acción y paga un dividendo de 1 € el pay out es del 50%.

Los dividendos de la bolsa española suelen ser altos, con lo cual cuando la empresa sufre algún revés por circunstancias económicas, del sector o de la propia empresa y los beneficios se reducen, el pay out se dispara y no pueden seguir pagando esos dividendos y mucho menos incrementarlos.

En cambio si nos vamos al Dow Jones o cualquier otro índice americano, británico o europeo nos encontramos con empresas que tienen una política de retribución al accionista mucho más seria: pagan menos dividendo y tienen un pay más bajo. Esta es la razón de que en caso de problemas puedan mantener el dividendo o incluso aumentarlo a costa de aumentar un poco el pay out.

Esta es la primera idea que me gustaría que interiorizases: hay que comprar las mejores empresas allá donde estén. No te ciñas al mercado español.

Antes de comprar una empresa española deberías preguntarte: ¿si fuera francés, alemán o estadounidense la compraría? ¿o la estoy comprando porque es una empresa española y hay opciones mejores?

Y sobre todo no te ciegues por la rentabilidad por dividendo del Ibex 35.

No se trata de comprar las empresas con los dividendos más altos del Ibex 35 sino de construir una cartera con un dividendo rentable, y este es el que crece a un buen ritmo durante muchos años.

La mejor rentabilidad por dividendo no la dan las empresas con mayores dividendos sino los dividendos que tienen una perspectiva de crecer en los próximos años a un buen ritmo.

Y esta es la segunda idea que debes interiorizar: es mejor un dividendo algo más bajo pero que crezca a buen ritmo que un dividendo alto estancado o con posibilidades de ser recortado.

La independencia financiera

Quiero vivir sin trabajar

Suena bien, ¿no? Vivir sin trabajar

Pero mejor cambiemos un poco el enunciado. No se trata de vivir sin trabajar sino de no tener la necesidad de cambiar tu tiempo por dinero.

Ese es el objetivo final: ser dueño de tu tiempo.

Y una vez tengas cubiertos tus gastos podrás hacer lo que quieras con él: trabajar, viajar, iniciar ese proyecto personal que siempre habías querido o tumbarte a la bartola.

¿Qué es independencia financiera?

Si buscas en un diccionario la definición de independencia encontrarás acepciones como libertad, no depender de otro, ser autónomo…

Y si haces lo mismo con “financiera” probablemente te remitirán a conceptos relacionados con las finanzas, como el dinero, los gastos, los ingresos, los bancos, la bolsa, etc…

Parecen definiciones obvias, pero contienen mucha semántica detrás. Ser independiente financieramente te garantizará:

  • No depender de un trabajo para cubrir tus necesidades básicas.
  • No depender del Estado para que te pague una pensión o una prestación de desempleo.
  • No depender de la sanidad pública para recibir asistencia sanitaria.
  • Poder dedicar tu tiempo a lo que tú quieras.

Esto no son más que ejemplos de libertad, la libertad que te proporciona la independencia financiera. En general podemos decir que las razones para buscar la independencia financiera son tres: la seguridad para afrontar cualquier imprevisto, la libertad para dedicarte a lo que quieras y la posibilidad de desarrollarte personalmente.

Y tendrás todo esto cuando tus ingresos pasivos superen a tus gastos.

Pero hasta que no logres llegar a ese punto, el hecho de ir construyendo fuentes de ingresos pasivos te permitirá tomar decisiones que sin ellos no podrías tomar: cambiar de trabajo si no te sientes bien en él, decir que no a tu jefe, tomarte una excedencia o una reducción de trabajo, etc…

Esto va sobre la libertad y a medida que incrementes tus ingresos pasivos incrementarás tu libertad.

La expresión “Independencia Financiera”

Esta expresión se popularizó con Robert Kiyosaki y se generalizó a raíz de la publicación de su bestseller “Padre Rico, Padre Pobre” en 1997.

Se puede definir como la capacidad de un individuo de cubrir todas sus necesidades económicas sin tener que realizar ningún tipo de actividad.

¿Y cómo se cubren las necesidades económicas sin tener que realizar ninguna actividad? Pues mediante los ingresos pasivos, que son aquellas fuentes de ingreso que no requieren de actividad para generarlos. Aquí se incluirían dividendos, rentas de alquiler, intereses de préstamos, cupones de bonos, etc…

Es importante recalcar que la libertad o independencia financiera no está directamente relacionada con la riqueza, el patrimonio o tener muchos ingresos. Puedes tener mucho dinero y no disfrutar de libertad económica.

El estilo de vida y el nivel de gastos tiene mucho que ver. Recordemos que se trata de cubrir los gastos con ingresos pasivos, así que hay que trabajar tanto en los gastos como en los ingresos. Por muchos ingresos que tengas nunca alcanzarás la independencia económica si los gastos se expanden a medida que hay más dinero disponible.

Por eso, antes de empezar debes preguntarte: ¿quiero mi libertad financiera? ¿estoy dispuesto a llevar un nivel de vida acorde a mis ingresos que me permita ahorrar para construir fuentes de ingresos pasivos?

Si la respuesta es afirmativa, adelante. Tooooda esta página se centra en lo que hay que hacer para alcanzarla.

Si la respuesta es negativa tendrás que valorar hasta dónde quieres llegar. Igual no estás dispuesto a dedicar todo lo que ahorres a este objetivo. En ese caso tendrás que valorar hasta dónde llegarás y si vale la pena.

Yo estoy convencido de que SIEMPRE vale la pena. Si consigo mi independencia financiera genial, pero si consigo una renta adicional de 200 €, seguro que también me irá muy bien y me proporcionará un plus de seguridad y libertad personal ante lo que nos depare el futuro.

¿Es la independencia financiera posible?

No lo dudes ni un segundo: alcanzar la libertad financiera es posible. Conozco personalmente muchos casos de gente que lo ha conseguido.

Todos ellos comparten una constante común: el consumo responsable. Son gente que:

  • Tienen un estilo de vida ajustado a su nivel de ingresos.
  • Decidieron dedicar una parte de su ahorro a construir fuentes de ingresos para la libertad financiera.
  • No se endeudaron con pasivos que no podían pagar, como viviendas en zonas demasiado caras o coches de gama alta.

Y curiosamente suelen coincidir en:

  • El gusto por disfrutar de experiencias vitales, como viajar.
  • Llevar una vida sana, dedicando una parte de sus ingresos muy significativa a una alimentación sana y a hacer deporte.
  • Tener inquietudes como emprender proyectos personales, colaborar con ONGs, leer mucho o estudiar por el mero placer de aprender.

Esto destierra un poco la idea de que buscar la independencia financiera es de vagos. La mayoría de gente que se embarca en este viaje es para conseguir tiempo para dedicarse a lo que le apetece, pero luego no paran de hacer cosas que la mayoría de gente no hace cuando está de vacaciones.

Todos conocemos historias de personas que al jubilarse envejecen muy rápido. Esto se suele relacionar con que, al no tener motivaciones importantes y cambiar de una vida activa a una vida rutinaria, cuerpo y mente se deterioran más rápido.

No sé si es verdad, pero sería muy triste lograr la libertad financiera y que nos pasase esto. Por eso es muy importante saber para qué quieres llegar a la independencia financiera.

Tengo un amigo que ya no trabaja y me decía, medio en serio y medio en broma, que no se explicaba como antes tenía tiempo de trabajar con la cantidad de cosas que hacía cada día ahora que no trabajaba.

Si estás leyendo esto, lo más probable es que tú también seas así pero, si no lo eres, piensa muy en serio sobre esto. El significado de la independencia financiera y su principal consecuencia es que dispondrás de muchísimo tiempo y tienes que saber para qué quieres ese tiempo.

Lograr la independencia financiera

En los últimos años han aparecido numerosas comunidades de personas que buscan la independencia financiera. Podemos decir que buscar la independencia financiera está de moda.

Pero ¿cómo alcanzar la independencia financiera?

No hay un curso de libertad financiera o de cómo hacerse rico. O igual sí los hay, no sé.

Lo cierto es que no son necesarios porque lo único que se necesita es sentido común, constancia y paciencia. El tiempo es posiblemente el ingrediente más importante y el que se repite más en la receta.

Si tu opción es invertir en pisos para alquilar, primero tendrás que comprarlos y destinar las rentas de alquiler a pagar la hipoteca y/o comprar nuevos pisos.

Si tu opción es invertir en bolsa, tendrás que comprar acciones, fondos o planes de pensiones y reinvertir todos los rendimientos para comprar más acciones, fondos o planes de pensiones.

Si tu opción es crear negocios online que generen ingresos, deberás reinvertir los ingresos para mejorar los negocios o crear nuevos.

En todas las opciones hay que reinvertir los rendimientos obtenidos y dejar que el tiempo haga su efecto.

Luego hay cuestiones técnicas, por supuesto. Hay que saber qué pisos comprar, cómo gestionar los alquileres, qué acciones comprar, cómo se crea un negocio online, etc…

Ya tendremos tiempo de profundizar en estas cuestiones en los artículos monográficos.

Aquí hablaremos básicamente de invertir en dividendos, pero también trataremos las otras estrategias aunque sea de manera superficial.

Ingresos, ahorro, inversión y tiempo

Entrando un poco en materia, tienes que tener muy claro que alcanzar la independencia financiera requiere esforzarse. Y mucho. Que no te engañen diciéndote que el camino hacia la independencia financiera es un cambio de hábitos sin más, porque ese cambio de hábitos te hará ir contra corriente y hacer cosas que el resto de la sociedad ni comparte ni aprueba.

Consumo responsable vs Consumismo

Ahorro vs disfrute inmediato

Tiempo vs trabajo

Dejar de trabajar joven vs jubilarse a los 70.

La idea general es generar ingresos pasivos recurrentes, es decir, comprar o crear negocios pasivos que nos generen una renta periódica. La renta pueden ser dividendos, un alquiler, los intereses generados por un depósito, los ingresos por publicidad de una web, etc…

Y tanto para comprar los activos financieros (acciones, fondos de inversión, depósitos, bonos, etc…) como para comprar inmuebles como para crear un negocio se necesita disponer de capital.

Inicialmente nuestro capital vendrá de los ingresos del trabajo: trabajar será la manera más habitual de ganar dinero, así que hay que poner el foco ahí.

Igual eres uno de esos afortunados que tiene unos elevados ingresos. Si es tu caso, creo que más que hablar de fortuna habrá que hablar de esfuerzo. Normalmente las cosas no vienen porque sí y a la suerte hay que ayudarle un poquito.

La mayoría de gente tendrá que poner el foco primero en ganar más. Y la manera más inmediata será invertir en tu desarrollo personal. Cuanto más capacitado estés, más sencillo será que alcances un nivel elevado de sueldo.

También es verdad que habrá casos en que los esto no será posible o en los que no el esfuerzo no compensará el beneficio. No te preocupes, siempre que seas capaz de ahorrar un porcentaje significativo de tus ingresos para invertirlo y tiempo para que actúe el interés compuesto podrás conseguirlo.

Por eso, en paralelo tendrás que intentar reducir tus gastos. El objetivo, como decíamos, es conseguir que el ahorro, es decir, la diferencia entre los ingresos y los gastos sea lo mayor posible.

Por supuesto, no hay que exagerar. Ahorrar sí, pero no nos olvidemos de vivir y de disfrutar del camino hacia la independencia financiera.

Con ese dinero extra que consigamos, tenemos que preparar un fondo para imprevistos, que no es más que una cantidad de dinero que tendremos reservada para posibles problemas que nos puedan ir apareciendo.

Disponer de este fondo evitará que tengamos que vender las acciones, fondos de inversión, planes de pensiones, inmuebles o negocios que hayamos adquirido en el caso de tener alguna urgencia económica.

El resto del dinero lo pondremos a trabajar lo antes posible. Porque de eso va la independencia financiera: de que el dinero trabaje para ti y de que tus inversiones te proporcionen rentas suficientes para cubrir todos tus gastos.

Eso respecto a la parte más técnica.

Pero luego tenemos un montón de cuestiones relativas a la transición o camino hacia la independencia financiera, que son tremendamente importantes. Desde la asistencia sanitaria o el derecho a la pensión si dejamos de trabajar hasta la reacción de tu entorno cuando les comunicas tu decisión, pasando por cómo decidir cuándo los ingresos pasivos son suficientes o las diferentes fórmulas para utilizar tu independencia financiera.

Tener controladas todas estas variables te evitará muchos disgustos cuando quieras dar el salto.

La educación financiera

Vale, la independencia financiera es el objetivo final, pero ya hemos visto que para eso es necesario ahorrar e invertir. Y en una sociedad gobernada por un consumismo generalizado, esto no es tan sencillo.

Hace falta:

Parecen cosas muy básicas, pero la mayoría de gente falla en ellas, así que no te las tomes a la ligera.

Seguro que habrás leído alguna estadística según la que el 95% de los conductores creen que conducen mejor que la media.

Pues con el dinero pasa lo mismo. Todo el mundo se piensa que sabe cómo funciona pero lo cierto es que la mayoría no cumple los mínimos.

Y es que de cultura financiera andamos bastante justitos. O si no haz la prueba. Pregúntale a alguien que tenga una hipoteca cómo se calculan los intereses que paga cada mes. La lógica dice que debería saberlo porque es el gasto más importante al que deberá hacer frente los próximos años.

Luego está la inteligencia financiera. Ahí es incluso peor, porque fallamos en cosas que sabemos en teoría pero que realmente no entendemos y por lo tanto no podemos aplicar.

Hablo de conceptos básicos como:

  • Proyectar un gasto pequeño diario a un periodo más grande, como un mes o un año, y ver el efecto que tiene en tu economía familiar.
  • No gastar más de lo que se gana.
  • No endeudarse.
  • Intentar ahorrar lo máximo posible sin perder calidad de vida.
  • Entender el efecto del interés compuesto.

La teoría sobre estos conceptos es muy sencilla y todo el mundo la entiende. Bueno, el último igual no todo el mundo, pero sí todos los que hayan estudiado hasta un nivel medio.

Sin embargo, la mayoría fallan al aplicarlos y eso es porque realmente no tienen asimilado cómo funciona el dinero.

La cultura del ahorro ha sido completamente superada arrollada por el consumismo, y aunque todos entendemos que no es lo correcto y que debemos actuar de manera responsable a nivel financiero, lo cierto es que la mayoría de gente no lo hace.

Tener un mínimo de cultura y de inteligencia financieras hará tu vida mejor, no lo dudes. Y se traducirá en una mayor seguridad financiera respecto a lo que nos pueda deparar el futuro.

¿Qué es la educación financiera?

La educación financiera puede definirse como la capacidad de entender cómo funciona el dinero, es decir, cómo se gana, se administra, se ahorra o se invierte. Incluye el conjunto de habilidades y conocimientos que te permitirá tomar tus propias decisiones sobre tu dinero, tus finanzas personales y tu economía familiar.

La educación financiera mejorará tu situación económica, te ayudará a manejar el dinero con criterio y a mejorar tu bienestar financiero. Cuestiones como ahorrar e invertir o mejorar la gestión de tus finanzas personales formarán parte de tu día a día sin intentar evitarlas cómo si no fueran contigo.

Es curioso que estas cosas no se enseñen en el colegio, pero en el fondo es normal. La gestión del dinero y el patrimonio es algo muy relacionado con la ideología política y los que mandan siempre ven adoctrinamiento cuando los que enseñan son los demás.

Por eso, la educación financiera es algo que cada uno debe adquirir. Si no lo haces tú, serás un analfabeto financiero y acabarás siendo víctima de tu consumismo, presa de tus deudas, esclavo del sistema fiscal y cliente de un banco que te cobrará por guardar tus pocos ahorros.

Después de todo, si yo soy el más interesado en gestionar bien mi dinero y mis ahorros, lo normal es que intente entender cómo funcionan para poder tomar decisiones acertadas.

Da igual que luego delegues en un asesor financiero o en un gestor, debes ser capaz de entender sus propuestas para decidir si lo que te ofrecen es adecuado o no para ti.

No lo olvides: la responsabilidad última sobre tu dinero y tu patrimonio es tuya. Una mala decisión económica puede condicionar tu vida hasta límites insospechados.

La pensión de jubilación

La educación financiera está de moda. Parece que la estafa piramidal de las pensiones, algo que mucha gente denunciaba, por fin ha quedado clara frente a la opinión pública.

El sistema público de pensiones está basado en que los que trabajan paguen las pensiones a los jubilados mediante las cotizaciones a la Seguridad Social que les descuentan de la nómina.

Hace unos años había varios trabajadores por cada jubilado y las pensiones se podían pagar sin problema, pero los cambios demográficos están haciendo que esa proporción vaya reduciéndose y cada vez es menos viable.

Y esto es así hasta el punto que los que están pagando ahora las pensiones de los jubilados no podrán cobrar su pensión cuando les llegue el momento. Por lo menos no una pensión como la conocemos ahora, sólo proveniente de las cotizaciones.

Independientemente de que lo arreglen o no, lo que está claro es que hay que hacer cambios profundos en el sistema público de pensiones para intentar hacerlo más viable. El problema es que la única manera de poder cumplir con las subidas de pensiones prometidas es hacer también subidas de impuestos.

Y eso es lo comido por lo servido: te doy más dinero pero te cobro más al comprar productos, por ejemplo. Lo triste es que mucha gente parece contentarse. Es como si pensaran: “de momento me suben la pensión y tengo más dinero”. Como si el aumento de impuestos no les afectase…

En cualquier caso, toda esta problemática ha tenido una consecuencia positiva, que es que mucha gente ha empezado a preocuparse por su futuro económico.

Y la mejor manera de mejorar tu futuro económico es mejorar tu educación financiera.

O dicho de otra manera: o aprendemos sobre finanzas y nos preocupamos por proteger y hacer nuestro patrimonio o las pasaremos canutas cuando nos jubilemos.

Aprender educación financiera

Lo ideal sería que el Estado se preocupase de la educación económica de sus ciudadanos, pero lo cierto es que los conocimientos financieros son los grandes ausentes en la educación para niños.

Sería fantástico acabar la educación obligatoria y conocer los conceptos básicos sobre finanzas, pero este tipo de contenidos no se tratan en la educación de nuestros hijos en el colegio, por lo menos no con el nivel que deberían.

Los políticos se preocupan más de la carga ideológica de los planes de educación financiera que de la capacitación financiera básica, que es lo realmente importante.

Por ejemplo, no hace mucho leí críticas sobre un piloto para un programa de educación financiera en los colegios públicos.

Las críticas se centraban en que se transmitía que era más importante devolver las deudas (hipoteca, créditos y tarjetas de crédito) a los bancos que gastarse el dinero en comer comida de mejor calidad. No discuto lo acertado o equivocado de la crítica, pero en cualquier caso el resultado fue que el programa no continuó adelante.

El resultado, una iniciativa fantástica como promover la educación financiera se queda en agua de borrajas por un tema ideológico.

Curiosamente la banca es uno de los actores más interesados en que la gente no sepa de finanzas, porque será mucho más sencillo colocar sus productos financieros, por poco rentables o arriesgados que sean.

Por ejemplo, si no sabemos invertir nos ofrecerán sus servicios financieros de asesoramiento. Ya sabes, los típicos servicios de banca privada, banca premier o banca personal. Servicios que tienen como principal objetivo colocarte los instrumentos financieros que tienen algún interés para ellos como, por ejemplo, los que les reporten mayores comisiones.

Con educación financiera todo esto es más complicado.

Da la impresión de que tener analfabetos financieros es bueno para los Estados, porque mantienen el poder sobre los ciudadanos: si necesitan tu pensión, tu prestación de desempleo y tu asistencia sanitaria seguro que se portan bien.

Por eso, en vez de impulsar la educación financiera se pelean por cómo enseñarla y el resultado son jóvenes que no entienden ni el dinero ni cómo funciona el sistema.

Vale, ya tenemos claro que el Estado no se preocupará de la educación financiera de los jóvenes y que no podemos fiarnos de lo que les enseñan en el colegio en este ámbito.

Por eso, si queremos tener una educación financiera básica tendremos que preocuparnos nosotros por conseguirla.

¿Cómo aprender finanzas? Por suerte estamos en la era de la información y hay muchas páginas webs, libros y cursos con los que podremos aprender educación financiera avanzada partiendo de cero.

Por supuesto, también hay material orientado a la educación financiera para niños y jóvenes, pero creo que en el caso de los más pequeños lo mejor es enseñarles con el ejemplo y hacerles partícipes de las decisiones económicas que vayamos tomando en la familia, más que intentarles dar una educación en finanzas de manera académica.

Invertir

Hasta ahora hemos hablado de la importancia de entender cómo funciona el dinero, de mantener los gastos controlados y de invertir en tu desarrollo personal para mejorar tu salario.

Con esto es más que posible que tengas una economía doméstica saneada, pero la puedes llevar al siguiente nivel si empiezas a invertir tus ahorros para obtener rentabilidad por ellos y empezar a construir fuentes de ingresos pasivos.

Esto es lo que marcará realmente la diferencia. Si lo haces, tu dinero empezará a trabajar para ti y a proporcionarte ingresos sin tener que trabajar para conseguirlos.

¿Por dónde empiezo?

Cuando alguien valora en serio la opción de invertir en activos siempre aparecen las mismas cuestiones:

  • Quiero invertir sin riesgo.
  • ¿En qué invertir mi dinero?
  • ¿Cuál es la inversión más rentable?

El ahorrador (que no inversor) tradicional en España solía poner su dinero en depósitos y en inmuebles.

Pero ha habido dos hechos que ha cambiado un poco la mentalidad de la gente.

Por un lado, la caída de los tipos de interés hasta mínimos históricos, que ha empujado a muchos ahorradores a mirar hacia productos que conocen muy poco como los fondos de inversión y los planes de pensiones.

En esto tiene mucho que ver la banca.

Y por otro lado, los efectos de la burbuja inmobiliaria.

Los precios de las viviendas llegaron a niveles nunca vistos. Invertir en inmuebles (o invertir en bienes raíces, como se suele decir en Latinoamérica) parecía la panacea porque siempre subían de precio. Mucha gente pedía hipotecas para embarcarse en un negocio seguro.

Hasta que dejó de serlo y los precios de los pisos cayeron en picado.

La gente que se había embarcado en invertir en vivienda para alquilar perdió su inversión e igual se quedó con deudas.

Pero lo peor fue la gente que compró un piso para vivir. En muchos casos lo hicieron para comprar antes de que los precios subiesen demasiado para poder comprar. Lo cierto es que en su situación económica no podían comprar esos pisos, porque al más mínimo revés no iban a poder pagarlo.

Esto nos deja cuatro puntos muy importantes que hay que intentar cumplir siempre

  • Sólo se invierte el dinero que no se necesita. Si se pierde será un inconveniente pero tu vida no se verá alterada.
  • No hay que dejarse llevar por las emociones. Se invierte en activos con un cierto margen de seguridad. Eso limitará el riesgo.
  • No inviertas todo tu dinero en un único activo. Si por lo que sea falla, toda tu inversión se verá afectada. Diversificando entre varios activos minimizarás el riesgo.

Pero no te preocupes, son cosas muy sencillas de cumplir.

En mi opinión, invertir no es una opción, sino una obligación. Si te preocupa tu futuro y el de tu familia, tienes que intentar obtener el máximo rendimiento de tus ahorros con un nivel de riesgo bajo.

Invertir es arriesgado

Es una de las principales preocupaciones de la gente que empieza a invertir: el riesgo a perder el dinero invertido.

Por supuesto, siempre existe riesgo. Cuando inviertes tu dinero en cualquier activo puede salir mal.

  • Si compras un piso para alquilar, puedes tener problemas con los inquilinos o con algún problema de construcción.
  • Si decides invertir en empresas cotizadas, puede ser que la empresa quiebre o empiece a ir mal. Pero no te preocupes: hasta los mejores gestores de fondos han tenido alguna quiebra entre las empresas que han comprado para sus fondos.
  • En el caso de activos financieros es posible que hayas oído hablar de algún problema con algún depositario que haya quebrado. En estos casos, los inversores se ponen muy nerviosos porque temen perder los activos que tenían depositados en él, pero lo cierto es que esta situación es muy poco habitual y podemos tomar medidas para minimizar los efectos en caso de que pase. <
  • Si inviertes en un negocio, puede ser que los resultados no sean los que esperabas y no tenga el retorno esperado o que tenga algún problema legal al que tenga que hacer frente.

Supongo que ya ves por donde voy. Lo importante no es que todos las inversiones funcionen, sino que la inversión global funcione, así que hay que diversificar y tener diferentes activos e incluso diferentes tipos de activos.

¿Está garantizada mi inversión?

Pero aún así, podemos tomar precauciones por si las cosas no funcionan como esperábamos. Afortunadamente, los estados normalmente fuerzan a los bancos y entidades de inversión a adherirse a fondos de garantía para garantizar los activos de los clientes en caso de problemas.

Por ejemplo, en el caso de los activos financieros existe el fondo de garantía de depósitos y el fondo de garantía de inversiones, que protege tus activos en caso de que el depositario no pueda devolvértelos.

Imaginemos que tienes acciones compradas a través de un broker. Si ese broker tuviese problemas, tus acciones se traspasarían a otro broker y ya está. Únicamente no las tendrías disponibles mientras se está haciendo el traspaso. El fondo de garantía cubriría el caso en que el broker no pudiera devolverte las acciones y es importante que compruebes qué cobertura tiene cada uno de tus intermediarios.

En el caso de invertir en inmuebles, hay seguros de hogar y seguros de impago de alquileres que te protegen contra las contingencias que pueda tener el piso que alquilas: que el inquilino no te pague, que haya un accidente y te reclamen algún tipo de responsabilidad civil, que tengas que hacer frente a una demanda, etc…

Y en el caso de los negocios existe el seguro de responsabilidad civil y otros más específicos de cada negocio que los protegen de posibles problemas con terceros.

La diversificación reduce el riesgo

Pero además de esta protección de carácter más técnico o funcional a través de seguros o fondos de garantía, hay un riesgo inherente a toda inversión que es la pérdida del dinero invertido.

Por ejemplo:

  • Compro un piso para alquilarlo pero no lo puedo alquilar por el precio que tenía pensado y gano mucho menos de lo que pensaba.
  • Compro acciones de una empresa petrolera y el petróleo se va a mínimos, con lo que la cotización de la empresa se desploma y recorta el dividendo.
  • Invierto dinero en el capital social de una startup con una idea ganadora, pero una nueva patente hace que esa idea deje de tener sentido.

¿Qué puedes hacer para protegerte de estos riesgos?

En principio nada. Son errores de cálculo o cambios externos que no podías prever. Ese riesgo es parte del juego y no se puede evitar.

Pero sí puedes reducirlo o minimizarlo.

¿Cómo? No poniendo los huevos en la misma cesta

Imaginemos que necesitas 1000 € al mes para vivir, que no trabajas y que vives exclusivamente de tus ingresos pasivos. Planteemos tres situaciones:

Situación 1:

  • Tus ingresos provienen de un piso que te proporciona un alquiler mensual de 1000 €

Situación 2:

  • 500 € al mes provienen del alquiler de un piso.
  • Los otros 500 € al mes son los dividendos de una empresa española de primer nivel.

Situación 3:

  • 500 € al mes provienen del alquiler de un piso.
  • Los otros 500 € al mes son los dividendos de una cartera de diez compañías de primer nivel de España, Estados Unidos, Reino Unido y Alemania.

La respuesta está clara, ¿verdad?

Y no estamos diciendo que invertir en pisos para alquilar no sea seguro o que la bolsa española no tenga la suficiente calidad.

Todo lo contrario, invertir en España es perfectamente razonable y hay empresas españolas en las que vale la pena invertir.

¿Pero si fueras francés, alemán o canadiense invertirías sólo en empresas de España? Seguro que no. Entonces ¿por qué hacerlo si eres español?

El plan de inversión

Será fundamental definir un plan de inversión. Improvisar no es bueno.

Deberás decidir:

  • Qué objetivo pretendes conseguir con tu inversión y en cuánto tiempo.
  • Cuánto dinero ahorrarás.
  • Cuánto de ese dinero dedicarás a la inversión.
  • Qué tipo de activos utilizarás.
  • Cada cuánto comprarás esos activos.
  • Qué cantidad de los ingresos pasivos reinvertirás.
  • etc.

Sin duda el plan puede irse a adaptando a la situación de cada momento, pero es imprescindible tener uno.

Si no lo tienes lo más probable es que acabes teniendo problemas:

  • Irás más lento de lo que deberías y no alcanzarás el objetivo.
  • Irás más rápido de lo que deberías y te agobiarás.
  • Actuarás instintivamente, dando rienda suelta a tus impulsos.

El riesgo psicológico

En mi opinión es uno de las variables más importantes y la principal razón para tener un plan de inversión.

El miedo a perder lo que has invertido o el miedo a dejar pasar una oportunidad puede hacer que te precipites.

Tener un plan y actuar según lo establecido te evitará los grandes errores. Y es más importante no tener grandes errores que tener grandes aciertos.

En qué invertir

Supongo que a estas alturas ya habrás decidido que quieres invertir.

El primer paso es decidir en qué invertir.

Porque no todas las inversiones nos valen. Recuerda que queremos comprar activos a un precio razonable y diversificando adecuadamente.

Tampoco necesitamos identificar las mejores inversiones ni encontrar la mejor manera de invertir  dinero.

Mucha gente se piensa que el inversor es una especie de adivino que sabe lo que va a pasar en el futuro y se adelanta apostando todo al caballo ganador.

Y posiblemente hay gente que es capaz de hacerlo. Pero la mayoría no tenemos esa facultad y no dominamos el arte de invertir.

Así que intentamos buscar un método sencillo y que nos proporcione una rentabilidad razonable, por encima del 7%, a largo plazo. Por eso damos más importancia a construir fuentes de ingresos pasivos de calidad que a encontrar ideas brillantes que nos den dinero fácil y rápido. Eso lo dejamos para los gurús.

Hay muchas cosas en las que podrías invertir, pero para nuestros propósitos diferenciaría dos grandes tipos de inversión: las inversiones inmobiliarias y la inversión en bolsa.

Como ya habrás imaginado, nosotros nos centraremos en la inversión en bolsa.

¿Por qué invertir en bolsa?

Pues aunque parezca mentira…. por simplicidad:

  • No necesitarás un importe elevado para invertir.
  • Podrás hacerlo desde casa.
  • En caso de necesidad, tendrás liquidez inmediata, simplemente vendiendo.
  • Tienes acceso a toda la información que necesitas por internet.
  • Puedes acceder a cualquier sector productivo: materias primas, inmobiliario, energías renovables, …. lo que se te ocurra.

No tengo ninguna duda de que el mejor lugar donde invertir mis ahorros es el mercado de valores.

A golpe de click podré acceder a los índices bursátiles mundiales y hacer de manera muy sencilla inversiones rentables en los mejores negocios del planeta.

Pero formas de invertir en bolsa hay muchas y no todas nos valen.

¡Ojo! No digo que no valgan, digo que no valen para la mayoría. Aquí buscamos una estrategia sencilla, sistemática y fácil de ejecutar.

Por eso la opción que escogemos es invertir en acciones de dividendos.

Invertir en acciones que reparten dividendos crecientes

La inversión en dividendos crecientes (Dividend Growth Investing) cumple todos los requisitos que hemos ido explicando y además:

  • No necesita un gran conocimiento para llevarla a la práctica. Lo ideal es hacer un análisis fundamental de las empresas, pero con la cantidad de fuentes de información disponibles no es imprescindible.
  • No confías la gestión de tu cartera a otros, como haces en el caso de los fondos de inversión o los planes de pensiones. Eso significa que controlas exactamente la composición de tu cartera.
  • A largo plazo, el interés compuesto y la reinversión de los dividendos resulta en una estrategia ganadora.
  • Los dividendos son completamente pasivos. No tienes que vender, como en el caso de los activos de acumulación, para disponer de dinero para gastar.

¿Y qué necesito para empezar?

Lo primero conocer un poco la estrategia. No tiene sentido invertir en acciones sin haberse formado un poco sobre cómo invertir en bolsa y específicamente cómo invertir con acciones, ¿no?

Aquí encontrarás mucha información para encontrar las mejores acciones para invertir. Bueno, igual no serán estrictamente las mejores, pero seguro que serán aptas para la estrategia y nos darán muchas alegrías a largo plazo.

Y lo segundo, un broker de bolsa. Esto es imprescindible, porque no se puede invertir en bolsa sin broker.

¿Qué es un broker? Pues no es más que un intermediario que te permitirá comprar las acciones. Aunque aún permiten operar por teléfono, la mayoría de brokers tienen accesible toda su operativa a traves de la web, así que lo más sencillo es invertir en bolsa por internet. De hecho, si el broker es de un banco, la operativa suele estar integrada en la banca online.

Plataformas para invertir en bolsa hay muchas: ClicktradeInteractive Brokers, DeGiro o Activotrade son ejemplos. En el fondo no son más que páginas para invertir en bolsa.

Luego tenemos entidades que operan principalmente por internet pero que tienen algunas oficinas físicas, como Broker Naranja de ING, Renta 4 o Selfbank. Están a medio camino entre un broker online y un banco tradicional.

Y luego están los bancos tradicionales, como Banco Santander, BBVA, CaixaBank o Bankinter, que te ofrecen los servicios de intermediación a un precio sensiblemente superior a los brokers más especializados.

Escoger broker es un proceso por el que todo inversor tiene que pasar. Y una vez más, no se trata de encontrar el mejor banco para invertir en bolsa o el mejor broker online, porque no hay uno que sea perfecto. Es más, es posible que te decantes por tener varios brokers por cuestiones de seguridad, acceso a diferentes mercados, comisiones, etc…

Lo ideal es que cojas la lista de los mejores brokers, revises sus condiciones y te quedes con el que más se adapte a tus necesidades. Los factores a tener en cuenta son las comisiones, los importes garantizados en caso de fraude, donde están depositados los activos, la facilidad de uso, lo fácil que ponen las cosas para cumplir con Hacienda…

Otras maneras de invertir

Por supuesto, invertir en dividendos no es la única manera de invertir en bolsa. Puedes invertir en valor, utilizar fondos de inversión, indexarte, utilizar ETFs de bajas comisiones, etc… Es más, puede ser muy conveniente diversificar en estrategias, para aprovecharte de las ventajas de cada una de ellas. Pero no te empeñes en buscar la estrategia perfecta. Si crees que invertir en dividendos es buena estrategia empieza a invertir ya para no caer en la parálisis por análisis.

Y si crees que todavía no estás preparado, siempre puedes utilizar herramientas para facilitarte las decisiones, como pueden ser servicios de asesoramiento profesional tipo OCU Inversiones o Morningstar.

Los Impuestos

La fiscalidad y los impuestos son una parte muy importante de todo lo que hemos explicado hasta el momento:

  • Afectan al ahorro.
  • Afectan a la inversión.
  • Afectarán a nuestra vida cuando dejemos de trabajar.

Mucha gente piensa que los impuestos se pagan y no se puede hacer nada para evitarlos. Esto es completamente erróneo y es fundamental conocer cómo funciona tu sistema fiscal para optimizar la tributación.

Lo explicaremos para el caso de los impuestos de España. Seguro que los conceptos serán muy parecidos pero es posible que haya diferencias sustanciales en otros países, así que revisa bien tu caso.

Pero empecemos por el principio.

¿Qué son los impuestos?

Los impuestos o tributos son ingresos que los estados imponen (de ahí el nombre) a sus ciudadanos. Cada impuesto está motivado por un hecho imponible al que la ley vincula una obligación de contribuir.

Por poner algunos ejemplos de impuestos en España:

  • Por el hecho imponible de tener ingresos pagarás el impuesto a renta de las las personas físicas (IRPF).
  • Por el hecho imponible de tener una casa pagarás el impuesto de bienes inmuebles (IBI).
  • Por el hecho imponible de recibir una herencia pagarás el impuesto de sucesiones y donaciones (ISD).
  • Por el hecho imponible de comprar algo pagarás el impuesto sobre el valor añadido (IVA).

¿Para qué sirven los impuestos?

Seguro que más de una vez te has preguntado qué finalidad tiene para el estado la recaudación de impuestos. Es muy sencillo: aunque muchas veces parecen completamente arbitrarios, su principal finalidad es obtener los ingresos necesarios para el gasto público.

La mayoría de gente está de acuerdo en que los impuestos son necesarios siempre que los tipos impositivos se mantengan en valores razonables.

Pero esto es complicado, ya que si los ingresos son inferiores a los gastos se llega a una situación de déficit fiscal, déficit presupuestario o déficit público. Y cuando no hay dinero, como en cualquier casa, la solución pasa por pedirlo prestado, por ganar más dinero o reducir los gastos (recortes sociales o de otro tipo).

Siendo el déficit público en España y la mayoría de países de tantos millones de euros las noticias sobre impuestos se suceden. Parece que la única manera de aumentar los ingresos del estado español que se les ocurre al gobierno de España, sea del signo que sea, es incrementar los impuestos.

Da igual que en los presupuestos generales se hayan aprobado una serie de medidas fiscales concretas. Si luego es necesario se cambian y se justifican. Un poco de malestar y a los dos días nadie se acuerda.

Esto es así porque aumentar los impuestos es el menor de los males. La deuda es un problema objetivo que no se puede ocultar y recortar en política social tiene un coste electoral muy alto.

En cambio, los impuestos se pueden subir de mil maneras que pasan inadvertidas para la mayoría de la población y, aunque sean muy visibles en el momento de implantarlas, se olvidan muy rápido.

Principios que rigen los impuestos

Los impuestos se caracterizan por:

  • Ser coactivos, es decir, alguien los impone unilateralmente, en este caso el Estado y resto de administraciones.
  • Ser pecuniarios. En la mayoría de sistemas tributarios capitalistas los impuestos se pagan con dinero, aunque en algunos aún existen los pagos en especie o prestaciones personales obligatorias, como el servicio militar obligatorio.
  • Ser contributivos, porque están destinados a la financiación del gasto público y a la cobertura de las necesidades sociales

Además, el sistema tributario español se basa en una serie de principios:

  • Principio de igualdad y generalidad. Todos los ciudadanos son iguales a la hora de pagar los tributos.
  • Principio de capacidad económica. Los impuestos tienen en cuenta la capacidad del ciudadano para pagarlos. A más capacidad más impuestos.
  • Principio de progresividad. La cuantía de los impuestos aumenta progresivamente y en proporción a su capacidad económica.
  • Principio de no confiscatoriedad. Los impuestos no pueden superar a la renta o patrimonio gravados.
  • Principio de legalidad. Sólo el Estado puede establecer los impuestos.

Tipos de impuestos

A grandes rasgos, se puede hacer una clasificación de los impuestos en impuestos indirectos y directos.

Para explicar la diferencia entre ambos vale la pena explicar antes la diferencia entre sujeto pasivo y contribuyente.

El contribuyente es la persona que tiene que soportar la carga del impuesto, es decir, el que pone el dinero, y el sujeto pasivo es el que tiene la obligación de satisfacerlo ante la Agencia Tributaria.

Los impuestos directos se aplican directamente sobre el contribuyente, que en este caso coincide con el sujeto pasivo. Los más importantes según el sistema impositivo español son:

  • Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas o, lo que es lo mismo, la declaración de renta para residentes
  • Impuesto sobre la Renta de No Residentes
  • Impuesto sobre el Patrimonio, también llamado impuesto a la riqueza.
  • Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones (ISD), que grava la transmisión de las propiedades cuando alguien muere (sucesiones) o en vida (donaciones).
  • Impuesto sobre Sociedades, que es el impuesto para empresas.
  • Impuesto de Actividades Económicas (IAE)
  • Impuestos sobre Bienes Inmuebles (IBI), que grava directamente la posesión de casas, pisos y, en general, cualquier tipo de vivienda.
  • Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica (IVTM).
  • Impuesto sobre el Incremento de Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana.
  • Cotizaciones a la Seguridad Social. No es un impuesto, sino una contribución, pero creo que vale la pena dejar constancia aquí.

En cambio, los impuestos indirectos no se aplican directamente a las personas, sino al consumo, a las transmisiones patrimoniales o a las las transacciones económicas. En este caso, contribuyente y sujeto pasivo no tienen por qué coincidir. Estos son los más importantes:

  • Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), que grava al consumo.
  • Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados.
  • Impuestos especiales o Impuestos al consumo específicos: bebidas alcohólicas, hidrocarburos, electricidad, tabaco o matriculación de medios de transporte.

La mayoría son impuestos estatales aunque algunos están cedidos a las comunidades autónomas, como el Impuesto sobre el Patrimonio, el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados y el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones.

De hecho, las comunidades autónomas pueden tener sus propios impuestos sobre hechos imponibles no gravados por el estado, como impuestos medioambientales, impuestos sobre el juego, impuestos sobre grandes superficies o impuestos sobre depósitos de entidades financieras.

La voracidad recaudatoria es tal que algunos de estos impuestos tienen pendientes recursos de inconstitucionalidad en algunas comunidades.

También hay impuestos cedidos a los municipios, como el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), el Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE) y el Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica (IVTM).

Los tributos también se pueden agrupar de una manera más académica en dos clases de impuestos: impuestos reales y personales.

En los impuestos reales la persona que motiva el hecho imponible no es importante, mientras que en los impuestos personales la presencia de una persona concreto es lo que marca el impuesto.
Con un ejemplo se entiende bien:

  • El impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) o el impuesto sobre el patrimonio son impuestos personales porque la persona, su situación particular (trabajo, rentas del ahorro, alquileres, etc…) y la de su familia (estado civil o número de hijos por ejemplo) son elementos definitorios del impuesto. Si cambias la persona o sujeto pasivo cambian los impuestos.
  • El Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) es un impuesto real porque independientemente de qué persona compra el bien, el impuesto queda completamente definido. Si cambias la persona o sujeto pasivo no cambia el impuesto.

¿Qué hacemos con los impuestos?

Pues básicamente entender cómo funcionan y optimizarlos. Como decíamos al principio mucha gente piensa que los impuestos son algo fijo que simplemente hay que pagar si quieres cumplir la ley.

Lo cierto es que hay un cierto margen de maniobra. En mi opinión, conocer el sistema en general y el tributario en particular es parte de la educación financiera básica.

Si lo conocemos, es muy fácil optimizar ciertos impuestos y ahorrar mucho dinero. Y como ya sabemos el ahorro es uno de los pilares sobre los que se sustenta la independencia financiera.

De hecho, la mayoría de gente empieza a investigar sobre estos temas cuando se da cuenta de que las subidas de impuestos se suceden una detrás de otra. La oposición crítica los impuestos que pone en marcha el gobierno pero, cuando llegan al poder, los mantienen y ponen otros nuevos.

Hablaremos de elusión fiscal, que incluye cualquier acción legal cuyo objetivo sea evitar o minimizar el pago de los impuestos y puede utilizar simplemente los mecanismos que prevé la ley o intentar aprovechar sus vacíos legales.

En este último caso, entran en juego las sociedad offshore, los paraísos fiscales, jugar con la residencia fiscal, etc…

Los paraísos fiscales no son más que jurisdicciones que permiten una tributación reducida en algún aspecto.

Usar los paraísos fiscales no es ilegal, pero si es ilegal si ocultas dinero obtenido con fines ilícitos o si no los declaras en tu lugar de residencia fiscal, aprovechando que suelen ser muy opacos en cuanto a la información que proporcionan a otros estados.

En ese caso ya hablamos de evasión fiscal o fraude fiscal, porque ocultas bienes o ingresos que deberías declarar. La evasión fiscal es un delito que se sanciona con multas o prisión, dependiendo de la gravedad y una de los principales prioridades de la lucha contra el fraude.

Invertir en dividendos vale la pena

Estoy convencidísimo.

Invertir en dividendos es una manera muy efectiva para alcanzar la independencia financiera. De hecho, podemos decir que la independencia financiera se sustenta en cuatro pilares:

  • Inversión (en nuestro caso en dividendos).
  • Educación financiera. Para invertir es muy necesario sanear la economía familiar y optimizar ingresos y gastos, y esto te lo dará la educación financiera.
  • Optimizar los impuestos. Conocer el sistema tributario te servirá para reducir los impuestos y hará que tu cartera genere una renta por dividendos con mucha más rapidez.

El cuarto pilar merece un punto aparte, porque es completamente psicológico. Tendrás que ser constante y paciente para dejar que el tiempo haga su trabajo.

Y esto es posiblemente lo más difícil.

¡Pero no te preocupes! ¡Para eso están Los Cazadividendos!

Aquí tienes a tu disposición muchas herramientas, como estas:

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