¿Dónde está mi dinero?¡Hola, cazadividendos! Vuelvo a coger el teclado para darle un poco de glamour a este blog, que a veces roza lo insufrible. Hace unos años, en Salsa Rosa, uno de esos programas que nadie ve, pero que todos conocen de hacer zapping, explicaron cómo algunos famosos ocultan su patrimonio. Alguno dirá: «¿teniendo a Cazadividendos en casa aprendes estas cosas en programas del corazón?». Bueno, lo cierto es que cada vez que le pregunto algo acabo saturadísima por su insistencia para que lo entienda bien. Una simple pregunta sobre una esto podría haber acabado en un monólogo de dos horas y yo pensando en utilizar un bastoncillo para los oídos como arma suicida.



Se ve que los famosos ponen sus propiedades a nombre de otras personas a las que pagan para que consten como propietarios y así evitar el pago de impuestos. El resultado final es que los famosos tienen mucho más dinero del que realmente parece que tienen porque lo tienen oculto.

Pues en cierta forma eso es lo que me pasa a mi. Tengo dinero, se lo dejo a Cazadividendos para que lo invierta y ese dinero no está. Y encima estamos en rebajas. Ya había comentado alguna vez que tiene mis claves y empiezo a pensar que es un error. Entrar la nómina en la cuenta y partir un porcentaje importante rumbo a Clicktrade o Selfbank es casi uno. Es una especie de Triángulo de las Bermudas financiero.

Luego, de vez en cuando, recibo un mensaje de estos brokers del tipo «se ha ejecutado una orden de bolsa» o un whatsapp de Cazadividendos diciendo que este mes he cobrado no sé cuanto de dividendos o que tal empresa ha subido el dividendo no sé cuanto.

Cazadividendos Jr, que ya tiene tres añitos y es muy avispado, ya se ha dado cuenta de cómo funciona la economía doméstica y, cuándo las abuelas le dan dinero, me lo da a mi para que lo guarde. Ha visto claro que es mejor dármelo a mi que arriesgarse a que lo engulla el Triángulo de las Bermudas….



La inversión y la pareja

La pareja en la inversiónEstá claro que cuando te casas lo haces por amor, pero también porque compartes una manera de ver la vida y crees que el proyecto futuro en común es viable. Igual le estoy quitando un poco de romanticismo al asunto, pero esto es así, salvo casos de pérdida exagerada de consciencia. Y si eres tan cuadriculado como Cazadividendos, más aún. Reconozco que me engañó y pensaba que había perdido la cabeza por mis ojos verdes pero, visto lo visto, piqué un poco de pardilla porque también tenía intereses económicos en la operación 🙂

Sí, confío en él y en su forma de invertir, pero reconóceme que oír cosas como estás en pérdidas pero no pierdes nada hasta que vendas y aceptarlo sin más es algo más que confianza. Pero no le basta con eso y prosigue: es más, podemos venderlas y las compro yo. Y estas mías que están en pérdidas las vendo y las compras tú con el dinero que has obtenido de la otra venta. Total, la cartera global es la misma pero pagamos menos impuestos. Y todo es legal, por supuesto..

Lo siento, no lo entiendo. ¿Pago menos impuestos y es completamente legal? Pues perfecto, pero no puedo evitar sentirme un poco infanta y entender un poco el «no sé, no me acuerdo, no me consta». Llegó a compararlo con un cambio de cromos para ver si así, pero ni por esas. Además… ¿por qué siempre me da la impresión de que tú tienes más cromos que yo?

Reparto de tareas

En cualquier pareja suele haber un reparto «espontáneo» de tareas”. Bueno, lo de espontáneo no lo tengo demasiado claro. Él se ha hecho fuerte con el tema de la inversión y no hay quien le mueva de ahí, con argumentos como que si me hace caso sólo compraría acciones de Inditex. ¡Exagerao!

Sea espontáneo o no, lo cierto es que él lleva la voz cantante en la inversión, aunque la mayoría de veces me consulta. No es que sirva de demasiado porque, tras el bombardeo de información sobre una empresa que hace diez minutos no sabía ni que existía, mientras intento procesar lo que me ha explicado con cara de interés, me dice: «Entonces te compro Illinois Tool Works, ¿verdad?». Es que la respuesta casi es obligatorio que sea sí. Hay veces que me pregunto con quién me he casado. Yo pensando que era un chico majo, educado y con estudios y resulta que es una versión sin gomina de Mario Conde.



Pero claro, no voy a decirle que sí siempre. Eso sería admitir que me fío ciegamente y, en el fondo, que no le escucho mucho. Lo hago de oídas y con empresas que me suenan porque son de mi sector, el farmacéutico. Él suele contestar diciendo algo como que la patente de su medicamento estrella se acaba y por eso está barata, pero que están en la fase final de aprobación del medicamento que garantizará sus beneficios la próxima década. ¿Y ahora qué digo?

Normalmente, si me cierro en banda, lo que suele hacer es ignorarme y comprarla en su cartera. Bueno, eso y poner la cara de «esta rubia me va a hundir», a la que yo respondo con la mía de gato con botas de Shreck mientras muevo mi pelo al estilo Panten. No vale de nada, pero nos acabamos echando unas risas 🙂

Querer y saber delegar

El reparto de tareas es algo que debería tener asumido, pero de vez en cuando hace cosas arriesgadas como enseñarme las cuentas de valores en rebajas. ¿A quién se le puede ocurrir algo así? ¡Pero si está todo en rojo! Es que ha habido una gran caída en diciembre y aprovechamos para comprar, me dice. Hay que mirar el largo plazo, continua. Ya, ¿pero cómo pretendes que me deje llevar en rebajas si sé que voy perdiendo tanto dinero en bolsa?

Es es el momento en el que él saca las reglas del juego, que no tenemos plasmadas en un contrato, pero casi:

  • Del dinero que entra en mi cuenta, una parte se queda como ahorro por lo que pueda pasar, otra parte(la más grande) desaparece en el Triángulo de las Bermudas de la inversión y el resto queda en cuenta para temas imprescindibles como las rebajas.
  • Yo sé las reglas del juego y no puedo echarme atrás a media partida. Eso sí, él debe pedirme confirmación, sobre todo si se trata de incorporar una nueva empresa y si esta es del sector químico / farmacéutico, que es el sector al que me dedico profesionalmente. No es que sirva de mucho, porque mis análisis se reducen al «esta es buena» o «esta es mala», pero de momento me hace caso 🙂
  • No vale echarse las culpas. Ya sabes, el «contigo pan y cebolla» de toda la vida. Igual me vale para el matrimonio que para la cartera de valores.

Estas reglas, con las caídas de diciembre se tradujeron en que no tenía nada de dinero para inversión e incluso me tanteaba para tirar del dinero ahorrado para aprovechar el momento. Y me convenció. Y el subidón del «compra, compra» rollo Wall Street de diciembre lo pagué con el remordimiento posterior en las rebajas.

Confianza

Parece algo evidente, pero no lo es tanto: me fío de él. Sin más. Y él me lo agradece. Muchas veces me comenta que tiene amigos (friquis del foro, sobre todo) que tienen que batallar con sus parejas para que les dejen hacer y luego además se sienten permanentemente examinados y en ocasiones hasta fiscalizados: «fíjate, acabo de comprarle acciones de Apple y ha recortado un 10%. Ya verás como se entere…».



Además ahora vuelve a trabajar y podemos permitirnos forzar un poco el fondo de ahorro porque al mes siguiente volverá a entrar dinero y podremos recuperarnos. Cuando estaba de excedencia estos temas me ponían más nerviosa, lo reconozco.

Pero la confianza es indispensable. Igual que di un “sí quiero” y sabía (o creía que sabía) lo que hacía y que era lo correcto, pues en esto es lo mismo: una especie de “salto de fe” como en Indiana Jones y el santo grial…

Entender la estrategia

La confianza es fundamental, pero la confianza no puede ser ciega. Rubia sí, pero tonta no, ¿me entiendeeeees? 🙂

Por eso es fundamental entender cómo funciona todo el tinglado, tener claro que la cotización es algo circunstancial y que lo que nos interesa es que las empresas repartan cada vez más dividendos. También es importante, a pesar de lo aburrido de la matraca constante, escucharle de vez en cuando. Yo por ejemplo no hubiera comprado nunca empresas del sector inmobiliario, pero a base de escuchar sus razonamientos entiendo que pueden ocupar un lugar en la cartera.

Realmente, si no entiendes lo que está haciendo, aunque sea a un nivel muy superficial, es muy difícil fiarse. Por lo menos a mi me resultaría muy complicado. Después de todo hablamos de dinero y nos pasamos la tercera parte de nuestra vida intentando ganarlo para luego perderlo sin más.

Por tranquilidad, por lo que pueda pasar y porque es un proyecto común es bueno preocuparse un poco de cómo está trabajando tu dinero, aunque sea muuuuy aburrido. No sabes lo que pasará mañana y es posible que, en algún momento, tengas que tomar las riendas de la cartera. Sé que acabo de cargarme el romanticismo del principio del artículo, pero hay divorcios, fallecimientos, etc… y como dice Cazadividendos, pensar que a los demás les pasa pero que a mi no me va a pasar es bastante arrogante.



Mi familia no me comprende

Mi familia no me entiendeMi padre hace un año que murió y recuerdo la época de la baja maternal en la que cada día salíamos a pasear y nos sentábamos en el mismo banco. Hablábamos del tema y no entendía nada. Tenía miedo de que perdiese todo mi dinero al dejarlo en manos del Sr. Cazadividendos e incluso que perdiese mi propia independencia económica. Estaba muy orgulloso de que hubiese estudiado mientras trabajaba para conseguir no depender de nadie y le daba miedo que perdiese todo eso. Pero al mismo tiempo me decía que Cazadividendos, lo hacía muy bien, que sabía manejar el dinero, que era muy inteligente…Que tu padre de 80 años diga eso de su yerno ES FE.

Pero eso es complicado de conseguir. Es muy difícil que la familia entienda porque has elegido este proyecto. Hay muchos prejuicios. Por un lado no entienden que te metas en estos envolaos teniendo un buen trabajo y siendo independiente. Pero es que además la idea de dejar de trabajar antes de la jubilación es muy rompedora. Mi padre nunca la entendió. Me decía que nunca dejase el trabajo por mucho dinero que tuviese, que era un seguro y la manera de conseguir la pensión para mi jubilación. Yo le decía que conseguiríamos la pensión de otra manera, sin depender del estado, pero para él era algo alocado.

Y así estoy: con la vocecilla del ángel bueno en un lado diciéndome «no te retires antes de tiempo, hija”  y la vocecilla del diablillo que me dice que ya faltan pocos años y me vaya haciendo a la idea.

La elección, por lo menos en la parte que me toca, es sólo mía y el problema principal es que luchas contra los prejuicios de la familia, de la sociedad, de tus amigos… Es un viaje duro, porque te asaltan las dudas constantemente. Y cuando lo ves claro, siempre pasa algo que te vuelve a hacer dudar. Que si la bolsa cae. Que si a tal persona le tocó la lotería y a los cinco años estaba arruinada. Que si aquél dejó el trabajo y cuándo quiso volver se había quedado desfasado…

Suerte que él lo tiene clarísimo y no ceja en su empeño de mostrarme los avances del plan y cuánto falta, porque hay veces en las que me da la impresión de que es una utopía.

Cambio de hábitos

Este punto es importante. Hay un cambio de hábitos o por lo menos en mi caso lo ha habido. Siempre he sido una persona ahorradora (muy ahorradora según Cazadividendos), pero él insistía mucho en los gastos inútiles. Una frase que repite mucho es: no malgastes y no me importa la cantidad.

Por ejemplo, desde que estoy con él me «obliga» a comprarme bolsos caros, normalmente de 100 € para arriba. Uno cada año. Eso se ha traducido en que tengo cuatro o cinco bolsos de muy buena calidad y cada año repongo el que está más viejo. Él dice que eso no es malgastar, sino vestir calidad y que a la larga ahorras. Es posible que tenga razón. Antes compraba dos o tres bolsos al año de unos veinte o treinta años y no me duraban nada. En cambio, mis bolsos de 100 € están como el primer día.



Sin embargo, le sale humo de las orejas si compro ropa que no tengo claro que vaya a usar. Vale, no lo tengo claro, pero seguro que llegará el momento en que echaré en falta no haberla comprado. El fondo de armario es muy importante. Este es un concepto que el inversor en dividendos nunca podrá entender.

Siempre me dice lo mismo: no compres por impulso, piensa primero qué tienes en casa y si lo vas a utilizar. Curioso, porque lo que le enamoró de mi fue que soy impulsiva y espontánea. Suele decir que estar a mi lado es como tener un cine en casa, pero toda esa espontaneidad no la quiere ni ver cuándo se trata de dinero.

Y cuando paso de él (sí, alguna vez paso de él) y me compro, por ejemplo, ese vestido que no sé cuándo me pondré, ya sé lo que me espera. Cada dos o tres meses tendré que oír la preguntita: ¿cuántas veces te has puesto ese vestido que compraste el año pasado». Y yo le respondo como se responde a las preguntas capciosas: cambiando de tema. Y pienso para mi: ¿qué sabrá este? un vestido espectacular no te lo puedes poner cada día, porque si lo hicieras no produciría el efecto WOW.

Bromas aparte, lo importante de estos cambios de hábitos es que no sean una imposición sino que tengan una lógica y tú te los creas. Sobre todo cuando te dice que no necesitas un vestido que tú sabes que necesitarás casi seguro 🙂

Mis pilares

Todo este rollo ¿para qué? Pues para deciros mis tres grandes pilares para hacer llevadero mi papel de pareja dei inversor:

  • No debe haber imposición sino consenso. Puedes empezar fiándote, pero tarde o temprano tendrás que involucrarte y participar.
  • Puedes delegar, por supuesto, pero entendiendo lo que está haciendo.
  • Hay que aprender a no escuchar al entorno. Cuesta mucho, pero su consejo siempre será el mismo: no lo hagas.

¿Y tú? Si eres a pareja del inversor o inversora de la casa ¿cuáles son tus reglas? Y si eres el que maneja el cotarro ¿entiendes lo difícil de estar en nuestra situación? ¿valoras la confianza y que te dejemos hacer? Compártelo conmigo en la sección de comentarios.

¡Que tengas buena caza!



Y si quieres saber más…

Si quieres saber más sobre la importancia de la psicología en las inversiones lee esta página. Y si prefieres leer más específico, aquí tienes monográficos sobre diferentes aspectos psicológicos que afectan a la inversión.

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