Para aprender sobre inversión a largo plazo hay que leer mucho



¡Hola, cazadividendos! Cuando la gente sepa que inviertes empezarás a detectar actitudes muy curiosas relacionadas con la doble moral hacia el dinero. Seguro que muchos pondrán en duda tu buen juicio por jugarte tus ahorros en la bolsa, pero cuando vaya pasando el tiempo y vean que no te va mal del todo, es posible que se interesen por el tema e incluso te pregunten. Antes de que te emociones te aclararé que no será un interés real más allá de ganar unos cuantos euros. Pocos te seguirán preguntando cuando les expliques tu receta y vean que los tres ingredientes principales son el ahorro, la inversión periódica y la reinversión de todos los rendimientos. ¿Reinvertir todos los rendimientos? ¿Entonces para qué me esfuerzo? Y es que la mayoría de gente, después de aceptar la carrera de la rata como forma de vida, difícilmente podrán pensar en otras opciones.

Hace un par de semanas, José, un amigo que sabe que invierto en bolsa me pidió consejo para invertir 3.000 €. Normalmente huyo de este tipo de situaciones, porque nunca acaban bien, pero me convenció con tres frases sueltas: “sé que sabes de inversión en bolsa y eres muy prudente”, “es dinero que no voy a tocar nunca” y “quiero empezar ahora que soy joven”.

Estas tres frases rompieron mi resistencia, porque vi voluntad de aprender y una actitud psicológica muy adecuada para la inversión en dividendos. Y sobre esto precisamente hablaremos, sobre la actitud psicológica del que pide el consejo de inversión y del que lo da.



La psicología del consejo

Nunca sabes a ciencia cierta por qué te piden consejo. Puede ser para hacerte caso pero también para reforzar la decisión que ya tenían tomada. Si lo aplicamos al mundo de las inversiones, sabemos que hay muchas creencia limitantes que son difíciles de superar y que lo más probable es que tus consejos caigan en saco roto.

¿Por qué te lo piden?

Normalmente porque ven que a ti te va bien. Si te consideran una persona inteligente, prudente y que actúa con sentido común, saben que inviertes tu dinero y que obtienes una rentabilidad razonable, es muy lógico que te acaben preguntando en qué tipos de productos inviertes y qué estrategias sigues.

Sus razones pueden ir desde el deseo sincero de obtener una mejor rentabilidad por sus ahorros hasta los cantos de sirena que prometen hacerse rico rápidamente invirtiendo en bolsa. Lo que es menos probable es que piensen en un cambio de vida y en empezar a ahorrar e invertir de manera sistemática.

Y mucho menos en alcanzar rentas mensuales que les permitan vivir sin trabajar. Piensa que, aunque para ti la independencia financiera es algo muy evidente porque forma parte de tu vida e incluso puede ser un objetivo vital, ellos probablemente no sabrán lo que es. Y si se lo explicas lo más probable es que su cabeza no esté preparada para aceptar esa nueva alternativa.

¿Vale la pena ayudarles?

Pero, si decides darles información, tienes que pensar que su decisión no será completamente racional. Recuerda los sesgos psicológicos a los que tendrán que hacer frente. Así que no te impacientes si ves que tus consejos no acaban produciendo el efecto que esperabas. La sociedad actual quiere resultados inmediatos y además seguros, la cultura del esfuerzo ha caído en el desuso y el consumismo no acepta otra opción que disfrutar ya de tu dinero.


Con estas premisas, los consejos que le di a José no fueron nada concretos. No le dije: “invierte en esta empresa que seguro que lo petas“, sino que intenté cambiar su percepción sobre como debería encajar la inversión en bolsa en su vida.

¿Valió la pena? Yo creo que sí. Independientemente del resultado, hacer que tus amigos valoren otras opciones e intentar que salgan de la carrera de la rata siempre vale la pena. Eso sí, si miramos el resultado, entonces igual perdí un poco el tiempo…

Los consejos básicos

Lo cierto es que, a medida que le iba explicando las cuatro reglas básicas de la inversión en dividendos y lo que podía esperar realmente de este tipo de inversión, notaba que su cara iba cambiando poco a poco del entusiasmo e ilusión iniciales a la desgana y la desilusión final. Yo explicándole algo que le iba a cambiar la vida y él casi arrepintiéndose de haberme preguntado.

¿Y cuáles son las cuatro reglas básicas que le expliqué? Pues son invertir a largo plazo, sólo el dinero que no necesitas a medio plazo, buscando dividendos crecientes y reinvirtiendo los dividendos obtenidos para potenciar el efecto del interés compuesto. Cada regla era una pequeña desilusión porque no encajaba para nada en la idea inicial que se había hecho, forjada por la imagen que el cine y la literatura da habitualmente de la inversión en bolsa.

Invertir a largo plazo

La primera regla es invertir a largo plazo. Nada de invertir hoy pensando en ganar un 10% en dos meses. Para eso hay que saber mucho, tener información privilegiada o tener mucha suerte. Además, podríamos catalogarlo más como especulación que como inversión.

Nuestro concepto de invertir es comprar un negocio a buen precio para cobrar una parte de los beneficios de ese negocio. Por qué comprar barato, porque los rendimientos que nos proporcione ese negocio resultará en una rentabilidad mayor. No es lo mismo cobrar 100 € de dividendos si inviertes 2.000 € que si inviertes 3.000 €.



¿Y por qué la inversión es a largo plazo? Porque a largo plazo las empresas tienen a comportarse según la calidad que tienen. Imagina que fuésemos capaces de analizar una empresa y determinar su valor exacto. Imagina que ese valor son 10 € por acción. En el corto plazo la empresa puede tener cualquier precio, porque las noticias que surjan sobre la empresa, la situación temporal del sector en el que opera, un cambio en la dirección de la empresa o el anuncio de una posible adquisición pueden, por poner un ejemplo, empujar la cotización hasta los 20 € o hundirla hasta los 2 €.

Pero lo que sí está claro es que a largo plazo el mercado acabará reconociendo el verdadero valor de la empresa y cotizando a ese precio. Si nos fijamos en los dividendos, lo mismo. Si la empresa tiene un potencial de crecimiento del 10% anual, será en el largo plazo cuando cobremos el dividendo por el que habíamos invertido en esta empresa.

Dinero que no necesitas

Este es una de las reglas que más desilulsiona. ¿Cómo que dinero que no necesite? Yo necesito mi dinero, para eso trabajo. Ya, pero piensa que ese dinero no existe. Si lo inviertes estará para siempre invertido generando ingresos pasivos para ti. Si piensas en un gasto importante a medio plazo y quieres pagarlo con este dinero, mejor no lo inviertas.

El problema es que la mayoría de gente no tiene presente el concepto de fondo de imprevistos ni interiorizada la idea de ahorrar con tiempo para los gastos previstos. Por lo tanto, es complicado que den como invertido para siempre un dinero que es es posible que necesiten en cualquier momento.

Buscando dividendos crecientes

Si superan el punto anterior, llega la tercera regla: invertir en dividendos crecientes. ¿Y cuánto ganaré? Pues aproximadamente un 4%, pero eso no es lo importante. Lo importante es que ese 4% serán 40 € al año y, como las empresas en las que habrás invertido aumentan el dividendo cada año, al año siguiente serán 44 € y al año siguiente 49 € y al siguiente… Lo que ahora es un 4% se acabará convirtiendo en un 10% en diez años.

La idea es muy sencilla de entender, pero el profano se enrocará en las cantidades iniciales y no verá el beneficio a diez años. ¿Un 4%? ¿Sólo un 4%? ¿Tanto lío sólo por un 4%?



Seguir invirtiendo y reinvertir los dividendos

Finalmente, hay que explicarle que la idea no es disfrutar de esa rentabilidad ahora sino seguir aportando nuevo capital a la cartera y reinvertir los dividendos todo durante unos años para que los rendimientos acaben alcanzan do un importe considerable. Si no reinviertes los dividendos, por supuesto que crecerán igualmente, pero lo que hace grande la estrategia es la combinación de las nuevas aportaciones, los incrementos de los dividendos y la reinversión de los mismos, que multiplican el tamaño de la bola de nieve a marchas forzadas.

¿Los consejos sirven de algo?

Cara que se te queda cuando te dicen que quieren consejo sobre inversión a largo plazo y luego leen libros sobre especulaciónUnos días después volvimos a hablar sobre el tema y me comentó que se había leído el libro “Bolsa para dummies” de Josef Ajram, y que su cuñado, que entendía del tema, le había recomendado una inversión buenísima. Se me quedó una cara de tonto que creo que aún me dura. Así que le di gratis dos consejos más. El primero, que el dinero era suyo y que pensase muy bien donde lo metía, y el segundo, que tuviese cuidado con los cuñados, que los carga el diablo… Especialmente si entienden de bolsa. Y por N-ésima vez, me conjuré para no dar consejos de bolsa a nadie. ¿Lo conseguiré?

¡Que tengas buena caza!

Y si quieres saber más…

Si quieres saber más sobre la importancia de la psicología en las inversiones lee esta página. Y si prefieres leer más específico, aquí tienes monográficos sobre diferentes aspectos psicológicos que afectan a la inversión.

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