La educación finaciera de los hijos debería ser una de las prioridades de los padres y construir una cartera desde muy pequeños puede ser un buen instrumento para enseñarles¡Hola, cazadividendos!  A estas alturas todos tenemos claros que el principal ingrediente de la receta para alcanzar la independencia financiera es el tiempo. Por eso, cuando tenemos un hijo muchos nos planteamos empezar a construir una cartera pensando en el larguísimo plazo. Si todo funciona como esperamos y vamos invirtiendo cantidades razonables, lo normal es que, cuando alcancen la mayoría de edad, tengan unas rentas pasivas más que interesantes y/o una patrimonio acumulado gracias al interés compuesto nada despreciable. Pero cuando nos disponemos a llevar la idea a la práctica surgen una serie de nubarrones que nos frenan un poco: ¿a nombre de los hijos? ¿y si salen balas perdidas y se lo gastan en cuanto puedan? ¿Y Hacienda, no pensará que su cartera es fruto de una donación y me reclamarán los impuestos? ¿y cómo lo hago? ¿con acciones directas, fondos indexados, fondos de autor, ETFs, cuentas de reinversión de algún banco…? E



En el artículo de hoy intentaremos despejar todas estas preguntas o, por lo menos, sentar las bases para que cada uno pueda tomar una decisión con criterio. Como en tantas otras cosas no hay una única manera de construir su cartera. Cada uno de nosotros se conoce y conoce a sus hijos y tendrá que escoger la manera que mejor se adapte. Aspectos como la rentabilidad, la psicología, el carácter de padres e hijos y la sencillez de gestión marcarán la opción que cada uno decida seguir.

La inversión de los más pequeños

¿Por qué una cartera para nuestros hijos?

Se me ocurren dos razones fundamentales. La primera es pedagógica. Recuerda el pilar 4 de la educación financiera de los niños: ir construyendo una cartera propia les hará implicarse más en el mundo de la inversión y aprender los fundamentos. Si este es uno de tus objetivos, deberías ser cuidados con los activos que escojas y asegurarte de que sean atractivos para ellos. Por ejemplo, tiene mucho más sentido escoger acciones de Coca-Cola, McDonald’s o Disney que acciones de Exxon, Unibail-Rodamco-Westfield o Altria. Todas son acciones interesantes, pero las primeras comercializan productos muy relacionados con ellos y es más fácil que se interesen por lo que les expliques.

La segunda es de rentabilidad. Escojas el activo que escojas, el tiempo será la variable que más afectará al resultado de su cartera. Por supuesto, pueden ahorrar el dinero que les llegue en forma de regalos, pagas mensuales o premios por sacar buenas notas y empezar a invertirlo cuando tengan uso de razón, pero no será lo más rentable. La otra opción es que tú lo inviertas por ellos los primeros años e irlos incorporando poco a poco al mundo de la inversión a medida que vayan creciendo. Cuando tengan dieciocho años, seguro que no luce igual una cartera iniciada al nacer que una cartera iniciada a los catorce años, aunque en ambos casos hayas aportado el mismo capital.

Esperar a que tengan uso de razón para empezar a construir su cartera tiene el inconveniente de que estás perdiendo quince o veinte años de interés compuesto, pero muchos prefieren no hacer una cartera específica para los hijos a menos que demuestren interés en ello. Después de todo, acabarán heredando la nuestra. Si temes la posibilidad de que llegue un momento en que se cieguen por los ceros de esa cartera y decidan venderla para comprarse cualquier capricho, entonces lo mejor es no empezar a construirles la cartera hasta que ellos quieran.



En nuestro caso, tanto mi mujer como yo, coincidimos en que es más importante enseñarle que el dinero que vale la cartera. Si a los dieciocho años decide venderla y comprarse un coche, mala suerte. Si lo vemos venir, siempre podremos vender los activos antes para evitarlo. Y si no lo vemos venir por lo menos seguro que le servirá como lección de vida, cuando más adelante eche en falta los rendimientos de esa cartera.

Titularidad de la cartera de nuestros hijos

Si ya has decidido que quieres construir una cartera para tus hijos, toca pensar en la titularidad. También aquí tienes dos opciones:

  • Contratar una cuenta a tu nombre, pero separada de tu cartera propia para saber en cada momento qué parte es de tu hijo.
  • Contratar una cuenta a nombre de tu hijo y que tú seas el representante. De esta manera podrás operar pero la titularidad real y los rendimientos de la cartera será de tus hijo.

¿Qué es mejor? Pues va a gustos. La primera tiene la única ventaja de que, aunque la cartera sea moralmente de tu hijo, tú tienes el control real de la cartera. En cambio, si decides que la el titular de la cuenta sea tu hijo:

  • No tributarás por los rendimientos y tú hijo tampoco hasta que supere el límite personal exento. De hecho, hasta que no supere los 1.800 € él no pagará nada de impuestos y tú podrás continuar aplicando el mínimo por descendiente. Luego lo veremos con más detalle.
  • Si tú mueres tu hijo no pagará sucesiones por su cartera, porque ya estará a su nombre.
  • Es más fácil implicarlos en la gestión de la cartera si la consideran algo suyo.
  • Les das un voto de confianza al tener patrimonio a su nombre, les haces madurar e ir poco a poco responsabilizándose de cosas de mayores.

Guiar a los hijos no debe confundirse con protegerlos en exceso. Los padres deben orientar a los hijos sin limitar su iniciativa y permitiéndoles aprender de sus erroresYo creo que una parte importante de la educación de nuestros hijos es hacerlos responsables de sus actos. Podemos intentar protegerlos contra todo, incluso contra su propia inconsciencia, inmadurez o estupidez, pero yo prefiero darles un voto de confianza. Tengo marcado a fuego que mis padres me daban acceso al dinero familiar sin ningún tipo de control. “Coge lo que necesites, está en el cajón”. Noooo, no soy tan ingenuo, sé que me controlaban y mucho: cuánto dinero cogía, en qué lo utilizaba, con quién, etc… pero ese puntito de libertad era parte de su estrategia para hacerme más independiente y responsable. Ahora veo claro que, si me hubiese excedido, seguro que el cajón se hubiera cerrado 🙂

Alguno estará pensando que no es un buen ejemplo: si la cartera está a nombre del niño, no hay manera de cerrar el cajón. Pero sí la hay: si somos los representantes y, por lo tanto, podemos operar por él, podremos ir viendo la actitud del niño ante el dinero y adoptar medidas en caso de que veamos que no actúa correctamente.


¿Cartera familiar o cartera independiente?

La cartera de mi mujer y la mía son independientes, pero las tratamos como una carera unitaria. Si yo compro una acción, ella no la compra. Y al revés. La razón es simplificar la gestión y tener más posibilidades fiscales. Por ejemplo, si yo tengo una acción en minusvalías y es una acción que quiero mantener, puedo pensar en venderla para aflorar las minusvalías y reducir la factura fiscal de este ejercicio, y que mi mujer la compre para seguirla manteniendo en cartera.

En cambio, con la cartera de nuestro hijo tenemos una estrategia diferente. Compramos las empresas que pensamos que tienen un potencial de crecimiento del dividendo más alto y no descartamos ninguna porque la tengamos ya en nuestra cartera. La razón es que es posible que llegue un momento en que vuele solo y no tiene sentido que su cartera esté condicionada por la nuestra.

Opciones de cartera para nuestros hijos.

Posibilidades hay muchas. La más evidente que te ofrecerán en cualquier banco es abrir una cuenta de ahorro para niños, que te venderán con el argumento de que no tiene comisiones. No es lo mejor, desde luego, pero tiene sentido que lo hagas porque es posible que necesites una cuenta para otras cosas.

A continuación veremos las opciones más habituales, valorando los pros y contra de cada uno de ellos. Puedes escoger la que más te encaje o utilizar una combinación de varias, porque no son excluyentes. Y si utilizas otra opción para la cartera de tu hijo, te animo a explicarla en la sección de comentarios.

Cartera de acciones

Hay muchas alternativas para construir la cartera de nuestros hijosSi dejamos de lado las opciones populares, como las cuentas de ahorro para niños que nos ofrecerán en cualquier banco, la primera opción que encaja con nuestra filosofía de inversión es crear una cartera de acciones a nombre de nuestro hijo con la intención de invertir en dividendos. Esta opción tiene el problema de las comisiones. En brokers como Clicktrade, Selfbank, Activotrade o ING las compras tienen unas comisiones aceptables a partir de importes de unos 1.000 €, con lo cual habría una fase de acumulación hasta alcanzar esa cantidad. Si no queremos pasar por esa fase podemos utilizar brokers más económicos, como InteractiveBrokers o Degiro, que permiten compras mucho menores con comisiones aceptables.

Al pensar en un plazo tan largo, lo mejor es pensar en acciones que tengan un historial del dividendo inmaculado durante un mínimo de diez años y un crecimiento del mismo muy alto. No te ciegues en que la rentabilidad por dividendo inicial sea muy alta, porque con un crecimiento del dividendo alto y muchos años por delante el Yield On Cost acabará siendo altísimo.



Cuentas de reinversión de bancos

Otra opción es ceñirnos a comprar acciones de bancos y depositarlo en la propia entidad en una cuenta de reinversión. Las ventajas de hacer esto son que:

La operativa sería sencilla. Todo el dinero disponible se iría ingresando en al cuenta a medida que llega y no tendrías que hacer nada más. Te lo remunerarían a un interés alto hasta que llega el momento de la compra y no hay ningún compromiso de hacer aportaciones periódicamente.

El mayor inconveniente es que se compran las acciones en la fecha prefijada al precio que estén y eso puede traducirse en un precio de compra alto.

Fondos indexados

La tercera opción es utilizar fondos indexados con bajas comisiones. Las cuentas de fondos, como las de Selfbank, Renta 4 o BNP Paribas muchas veces no tienen comisiones o sólo las tienen para parte de los fondos. Por eso, son una buena manera de invertir sin coste. Normalmente permiten aportaciones muy bajas, entre 150 € y 200 €, y nos ofrecen una diversificación geográfica y temporal sin demasiado esfuerzo.

Una cartera de fondos índice puede ser todo lo sencilla o complicada que tú quieras. Por ejemplo, en la sección de fondos indexados tienes varios ejemplos de cartera para que puedas empezar sin demasiados problemas. Una variante de la anterior es utilizar un ETF, que suelen tener comisiones aún menores.

Fondos gestionados

La cuarta opción son los fondos gestionados. Rebuscando mucho en los catálogos de los bancos es posible que encuentres algún buen fondo, pero nos referimos especialmente a los fondos de gestoras independientes contrastadas, como Bestinver o Magallanes. Hay otras gestoras que tienen menos recorrido, pero que también están avaladas por los resultados de sus gestores, como Cobas o azValor.



Ventajas fiscales de la cartera de nuestros hijos

Los hijos ofrecen muchas alternativas para mejorar la fiscalidad familiarTener menores en casa tiene muchas ventajas a nivel fiscal y vale la pena conocer cómo funciona el sistema tributario para aprovecharlas siempre que sea posible. Ya sabes que los impuestos sobre la renta y el patrimonio son impuestos progresivos, así que el simple hecho de dividir el patrimonio entre todos los miembros de la familia seguro que será beneficioso a nivel fiscal. Pero ve con cuidado y piensa bien cuanto dinero pones a su nombre, porque a partir de ciertos importes podría considerarse donación y acabar teniendo que pagar los impuestos correspondientes y una multa. Pero también hay cuestiones de las que te podrás beneficiar, como que podrás actualizar el precio de compra sin tributar por la plusvalía o que podrás donarles el usufructo temporal de parte de tu cartera para tributar menos. Recuerda: el conocimiento es dinero.

¿Hasta donde podemos invertir a nombre de nuestros hijos?

Invertir dinero en activos a su nombre no deja de ser un incremento de patrimonio, pero si no superamos el mínimo personal (unos 5.500 €) el importe a pagar sería cero. Lo normal es que no pasase nada y que se considerase que es un regalo, pero si nos tocase un inspector de Hacienda quisquilloso podría sancionar al menor por no haber hecho la declaración y hacer una paralela a los padres por haber aplicado la deducción por descendiente. IIF lo explica muy bien en este artículo.

Usufructo a favor de tu hijo

Constituir un usufructo a favor del niño puede ser muy útil para recuperar la retención de los dividendos. La idea sería constituirlo que la parte de la que se cede el usufructo no genere unos dividendo superiores a los 1.800 €. No apuremos la cantidad, que los dividendos extraordinarios los carga el diablo 🙂

Al no superar los 1.800 €, podremos aplicar la deducción por descendiente en nuestra declaración y, al mismo tiempo, al no superar estos el mínimo personal de 5500 €, el niño podrá presentar la suya y recuperar la retención aplicada a los dividendos cobrados. Constituir un usufructo no tiene prácticamente coste en algunas comunidades, mientras que en otras el coste descarta la operación. De nuevo, podéis ir al blog de IIF para leer su explicación, mucho más rigurosa y detallada que la mía.

Aflora las plusvalías para preparar la tributación futura

Imaginemos que la cartera del niño tiene menos de 1.800 € entre plusvalías latentes y dividendos de este año, y que el niño no tiene más ingresos (es lo habitual). En este caso podríamos vender la cartera y volverla a comprar inmediatamente al mismo precio. Como la plusvalía obtenida no supera los 5.500 del mínimo personal, el menor no tendrá que tributar por la plusvalía y habrá actualizado su precio de compra al precio actual, de manera que si vende estos activos en el futuro, la plusvalía será menor y tributará menos.

Como en el caso anterior, al no superar los 1.800 € de rendimientos, también podremos aplicarnos la deducción por descendiente en nuestra declaración de renta. Evidentemente, si su cartera tiene una plusvalía mayor a los 1.800 €, siempre podemos hacer esta operación con una parte de la misma. La idea es no superarlos para actualizar el precio de compra sin tributar y, al mismo tiempo, permitirnos la deducción por descendiente. Este es el artículo de IIF donde lo explica.

Conclusiones

La educación financiera y la estrategia de inversión de nuestros hijosTema interesante y muy controvertido. Cuando se habla de la cartera de los hijos siempre hay gran variedad de opiniones, desde gente que no invierte a nombre de ellos hasta los que hacen aportaciones mensuales. Es una cuestión muy personal, depende de cómo quieras enfocar la educación de tus hijos e incluso de tu modelo de familia. Por eso no hay una solución buena y una solución mala, sino diferentes soluciones con una buena razón detrás. ¿Por qué opción te has decantado tú? ¿Estás construyendo una cartera para tus hijos? ¿Qué instrumentos utilizas? ¿Inviertes sólo sus regalos o también haces aportaciones periódicas a su cartera? ¿Tienes en cuenta los condicionantes fiscales a la hora de invertir o sólo es una cuestión de rentabilidad?



¡Que tengas buena caza!

Y si quieres saber más…

Si quieres saber más sobre la educación financiera de los nños lee esta página. Y si prefieres entrar en profundidad en algún tema concreto, aquí tienes monográficos sobre la educación financiera de los más pequeños.

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