La psicología es una parte fundamental de la estrategia de inversión¡Hola, cazadividendos! La psicología, una vez más, es parte fundamental en la estrategia. El ser humano es mucho más irracional de lo que pretendemos. Podemos pasarnos meses quejándonos de que las cotizaciones se escapan y deseando un ajuste severo que nos permita invertir con un buen margen de seguridad y, cuando se produce ese anhelado ajuste, vemos la cartera en rojo, nos llevamos las manos a la cabeza y nos entran las dudas.

La razón es obvia: podríamos comprar a buenos precios, pero ver nuestra cartera en rojo sangre tiene un efecto paralizante en muchos de nosotros. La cabeza nos dice “compra, es una buena oportunidad” y el corazón “no lo hagas, que perderás más”. La psicología no está jugando una mala pasada. Y si eres capaz de vencer esa primera zancadilla emocional, te puedes encontrar con la segunda, esta vez más física: la liquidez. Estos días son habituales los dolorosos comentarios de los que se les hace la boca agua al ver unos precios mucho mejores que hace unas semanas, pero que no pueden aprovechar porque se han quedado sin liquidez. Casi en estéreo tenemos los comentarios de los que sí tienen liquidez pero tienen miedo a que el precio siga bajando y quedar atrapados.

Llevo unos días con este artículo y la subida de tipos de la FED de ayer le ha hecho perder un poco de actualidad, pero la reflexión continúa siendo útil, así que repasaremos los elementos principales.

La importancia de la psicología

Me llegaba hace un par de días el mensaje de un lector: “Cuando puedas escribe algo reconfortante. Soy inversor por dividendos, confío en la estrategia, però tengo mi cartera al -12%. No me quedan uñas… Sé que es momento de comprar, pero ya estoy sin liquidez.”.

¿Por qué compramos con poco margen de seguridad y nos entran las dudas cuando el precio es razonable? Para mi todo es cuestión de miedos: a que se escape en el primer caso y a perder más en el segundo. Lo más paradójico es que el inversor en dividendos, tanto el que practica Buy&Hold puro como el que lo combina con tintes value, se suele caracterizar por ser muy crítico y analítico, y toda esta racionalidad da paso al nerviosismo cuando llega el momento de actuar con mano firme.

Valor y precio

Dudamos, pero la empresa no ha cambiado… ¿o sí?. No ha pasado nada que la haya convertido en una empresa menos apetecible que hace unas semanas… ¿o sí?. El precio del petróleo está por los suelos, la crisis de las materias primas, la renta fija, la situación de brasil o la tasa de cambio de divisas: todas son en general situaciones circunstanciales que no cambian la calidad de la empresa, pero tenemos que comprobarlo. Como mínimo forzarán que la empresa las pase canutas durante una temporada y, si la temporada es larga, podría acabar repercutiendo demasiado en los resultados y, por ende, en la sostenibilidad de su dividendo, pero ahí entramos en juego nosotros, para valorar si los fundamentales de la empresa peligran o no. Si el negocio de la empresa sigue intacto, estos son los momentos que debemos aprovechar para incorporarla a la cartera o, si ya formaba parte de ella, aumentar nuestra posición.

Cartera en rojo y psicología

La actitud y aptitud psicologícas son fundamentales para poder mantener la calma cuando la cartera está en rojoTodos hemos vivido esa situación en la que nuestra cartera se desploma, en mayor o menor medida, y todo nuestro sistema de creencias se tambalea. En esos casos, lo mejor es intentar racionalizar. Si perseguimos una renta basada en dividendos, el color de nuestra cartera no debería importarnos más que para aprovechar que se tiña de rojo para comprar más acciones. Otra cosa es que busquemos revalorización. En ese caso podemos quedarnos atrapados en un valor durante varios años. Quien compró Repsol pensando en vender y obtener plusvalías es posible que tarde años en conseguir su objetivo. Quien la compró buscando dividendos, poco le importa su cotización. Cierto es que ahora paga en scrip sin amortización, con lo cual el inversor en dividendos tampoco estará contento, pero esta situación debería ser temporal.

Inversión racional

La regla número uno de la inversión en bolsa es invertir sólo lo que no necesitamos. Si no nos hemos saltado esta regla, nuestro bienestar presente no estará en riesgo por un revés en las cotizaciones. Es más, si nuestro horizonte temporal es el largo plazo, la historia nos dice que acabaremos recuperando el importe invertido. Con estas dos premisas, el nerviosismo sólo tiene sentido si pensamos que hemos escogido mal las empresas y es posible que acaben teniendo problemas serios.

Siempre tendremos una cierta inseguridad, por supuesto. ¿Me habré equivocado con Kinder Morgan tanto que es posible que quiebre o sólo son problemas transitorios y acabará recuperando la cotización y el dividendo en un período razonable de tiempo? En el primer caso lo mejor es vender. En el segundo lo mejor es mantener o incluso incrementar la posición. Puede parecer sencillo, pero tomar estas decisiones eliminando el componente emocional es realmente difícil. El sentimiento de decepción ante una empresa en la que confiabas te puede llevar a huir de ella. Por contra, el enamoramiento o confianza ciega en ella te puede llevar a mantenerla a pesar de que las señales aconsejan una venta.

Nuestra labor, por lo tanto, será diferenciar los problemas pasajeros de la degradación del negocio. Volviendo al ejemplo reciente de Kinder Morgan, el tiempo dirá qué decisión, comprar más, mantener o vender, hubiera sido la mejor. Por ejemplo, si dentro de cinco años vuelve al nivel de dividendo que tenía antes de la reducción y hemos comprado a precios actuales, habrá sido una inversión redonda, pero si no vuelve o tarda mucho en volver a pagar ese dividendo, habrá sido una mala decisión.

Liquidez

Es conveniente reservar una parte de la liquidez para los recortes profundosEn situaciones como la que hemos vivido las últimas semanas, otra variable importante en la estrategia es la liquidez. Imaginemos que el ajuste en las cotizaciones no nos hace  temblar el pulso y estamos dispuestos a comprar aprovechando las caídas. En ese caso hay que tener muy clara cuál es nuestra política de gestión de la liquidez, para no quedarnos sin balas en el primer recorte. Igual que los precios pueden darse la vuelta y escaparse, también pueden caer mucho más. Los precios que estamos viendo en las petroleras o en las empresas de materias primas eran impensables hace unos meses. Quien guardó parte de su liquidez esperando caídas de cotización más profundas, habrá podido aprovecharlas.

En mi caso, un truco que me ayuda a controlar mis ansias compradoras cuando el mercado se pone en verde y ya he hecho varias compras es abrir cualquier página donde se pueda ver el histórico de cotizaciones de una empresa (por ejemplo Google Finance) para comprobar lo barata que está realmente la empresa que quiero comprar. Normalmente, lo que me parecía un precio de saldo es un simple retroceso y acabo decidiendo guardar parte de la liquidez por si el ajuste acaba siendo más profundo.

Nunca sabemos hacia donde irá el mercado, pero hay que tener presentes los dos escenarios (que se de la vuelta o que continúe cayendo) y adoptar una solución de compromiso: aprovechar el recorte pero mantener un cierto porcentaje de liquidez. Y es muy recomendable tener definido la manera en que actuaremos para no dejarnos llevar por la situación y quedarnos sin liquidez.

La diversificación como protección

La diversificación es una protección natural para limitar las pérdidasUna vez más, la mejor protección es la diversificación. Tener una cartera que cubra diferentes sectores, diferentes mercados, diferentes divisas e incluso que utilice diferentes estrategias evita que un problema afecte a un porcentaje muy alto de nuestra inversión. Si nuestra cartera está demasiado orientada a petroleras o empresas de materias primas en estos momentos lo estaremos pasando muy mal. Por contra, si en el pasado invertimos en Estados Unidos, la fortaleza actual del dólar nos servirá como colchón contra fluctuaciones en la cotización de las empresas. Una cartera formada exclusivamente por valores del Ibex puede sufrir un buen varapalo con un resultado inesperado en las elecciones o con un giro en el procés catalán.

La diversificación “suaviza” los resultados tanto buenos como malos. Si fuésemos capaces de escoger las mejores empresas y prever las caídas no tendría sentido diversificar. Aumentar el número de empresas significa incluir empresas que lo harán mejor y peor en cada situación.

Conclusión

En los momentos difíciles va bien refrescar las bases de esta estrategia de inversión: la valoración no importa, sólo tenemos que fijarnos en la sostenibilidad del dividendo, si la cotización baja es el momento de comprar, etc… La teoría está muy bien, pero en este cóctel falta el ingrediente psicológico. De nada sirve saber cómo debemos actuar si nuestro nerviosismo ante las minusvalías latentes hacen que nos saltemos las reglas básicas. La psicología, el mantener a raya nuestros miedos y nuestra avaricia, es básica en nuestra estrategia.

La diversificación es, en estos casos, muy importante, porque tener media cartera en pérdidas incrementa nuestro miedo a que alguna empresa se pase de frenada. Si cada empresa y/o sector representa un pequeño porcentaje de cartera, el efecto de los problemas con esa empresa está limitado.

Finalmente, para poder comprar en los recortes hay que tener liquidez disponible y eso sólo se consigue con una adecuada gestión. En mi opinión es recomendable intentar mantener siempre un porcentaje disponible para futuros recortes. Evidentemente esto dependerá del nivel de ahorro que podamos permitirnos.

En mi caso, intento conservar la liquidez con tres estrategias. La primera es, cada vez que amplío una empresa en cartera, rebajar su precio de compra en un 10% o un 15%. Eso me garantiza que sólo compraré en recortes. De hecho, cuantos más paquetes de esa empresa haya comprado, más exigente será el precio, con lo cuál más difícil será que compre. La segunda estrategia es evitar que las compras se concentren en un mismo período de tiempo. Si en un recorte hago tres o cuatro compras, simplemente paro de comprar aunque tenga liquidez. Me paso, por ejemplo, en el lunes negro de agosto. La tercera estrategia aplica a las empresas que quiero incorporar a la cartera. En principio tengo marcado un precio de entrada razonable, pero a medida que va menguando la liquidez me vuelvo más exigente. Es, por ejemplo, el caso de IBM, que hace semanas que tontea con mi precio de compra, pero que no compro para no hipotecar compras futuras. Sé que muchos pensarán en el coste de oportunidad, pero soy de la opinión que siempre hay oportunidades y, si se escapa, aunque sea general y la mayoría de empresas se disparen, seguro que encontraré oportunidades puntuales para diversificar temporalmente.

Opinión de la comunidad sobre la psicología de la inversión en situaciones de caídas generales del índice y sobre la gestión de la liquidezComo siempre, llega el momento de la comunidad: ¿Qué papel le dais a la psicología en la inversión? ¿Seguís alguna estrategia para mantener la calma cuando la cartera entra en pérdidas? ¿Reserváis liquidez para los recortes más profundos o simplemente compráis cuando veis buenas empresas a buenos precios? En el caso de reservar liquidez para los recortes profundos ¿Cómo lo hacéis? ¿Tenéis reservada una cantidad para cuando el índice llega a un determinado nivel? ¿Limitáis las compras a un porcentaje de la liquidez del momento? ¿Qué peso le dais al coste de oportunidad?

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