Los planes de pensiones en una estrategia de inversión en dividendos para conseguir la independencia financiera¡Hola, cazadividendos!  Tercera entrega de la serie sobre planes de pensiones. Empezamos hace ya unos meses con una introducción a las características básicas de este instrumento. Fue ahí donde explicamos que el rescate de los planes se sumaba a las rentas del trabajo, a diferencia de los dividendos o las plusvalías en la venta de acciones o fondos, que tributan con las rentas del ahorro. En el segundo artículo profundizamos en este punto y vimos que un adecuado reparto de nuestros ingresos entre rentas del trabajo y del ahorro puede mejorar sustancialmente nuestras obligaciones tributarias. Y hoy hablaremos sobre como utilizar todo esto en un futuro escenario de independencia financiera, sea voluntaria o forzosa.

Para valorar el uso de los planes de pensiones como parte de una estrategia que busca la independencia financiera revisaremos las tres características principales de estos productos: la desgravación en el ejercicio en que se realiza la aportación, la ¿baja? rentabilidad de este tipo de productos y la fiscalidad en el momento del rescate.

Aportación a planes de pensiones

Simulación sobre la desgravación de las aportaciones a planes de pensiones en función de las rentas del trabajoPara hacer esta simulación volveremos a utilizar el programa Padre de 2014, en esta ocasión para calcular el importe de la desgravación para cada par salario bruto anual vs aportación anual a planes de pensiones. Para el ejercicio utilizaremos salarios entre 0 y 100.000 € y aportaciones entre 0 y 8.000 €, que es la aportación máxima desgravable en 2015 y 2016. En 2014 se podía desgravar hasta 10.000 € al año, pero intentaremos hacerlo más real llegando sólo hasta la aportación máxima actual. Podríamos intentar hacer hacer el ejercicio equivalente para 2015 o 2016, pero el programa Padre no se publica hasta marzo o abril del año siguiente, fecha en que comienza la campaña de la renta, y hacerlo sin el programa de ayuda sería demasiado costoso y no aportaría demasiado valor.

Los números, por lo tanto, serán un poco diferentes, sobretodo después del cambio de tramos y tipos impositivos que nos trajo la reforma fiscal que se empezó a aplicar en enero de 2015. En cualquier caso, para ver la idea es más que suficiente, pero tampoco obviaremos las diferencias entre 2014 y 2016. Como ya sabéis, simplificando mucho, los tramos de salario marcan los tramos de tributación y, por lo tanto, de desgravación, así que vale la pena ver cómo han cambiado. En líneas generales nos quedamos con la idea de que se ha reducido el número de tramos de siete a cinco y se han movido los importes que los delimitan pero, al mismo tiempo, se ha reducido el tipo de cada tramo.

Comparativa entre la escala general en 2014 y 2016

Así, las aportaciones a planes de pensiones en 2016 tendrán un efecto parecido a 2014, aunque la desgravación será menor precisamente porque la tributación será menor.

A continuación el resultado del ejercicio. La primera tabla muestra el importe de la desgravación en función del salario y la aportación realizada. La segunda muestra el porcentaje de la desgravación respecto a la aportación realizada, es decir, la rentabilidad obtenida por la aportación:

Importe de la desgravación por aportaciones a planes de pensiones en 2014

Porcentaje de la desgravación por aportaciones a planes de pensiones en 2014 o rentabilidad de la aportación

Las conclusiones son muy evidentes y, por qué no decirlo, muy previsibles. La primera, que cuanto mayor es el salario más interesa hacer aportaciones porque la desgravación será mayor. La segunda, que la desgravación es muy golosa: no hay muchas inversiones que proporcionen entre un 25% y un 47% de rentabilidad en un periodo que puede ir de los cuatro meses a los dos años. Ese será el tiempo que transcurrirá entre la aportación, que puede ser durante todo el año, y la declaración de renta de ese ejercicio, que empieza en abril del año siguiente aproximadamente, pero que puede demorar la liquidación hasta final de año… Evidentemente esa desgravación puede ser un mero diferimiento, como veremos posteriormente, o realmente un ahorro así que cada uno deberá analizar su situación personal y, en función de ella, decidir si es un instrumento adecuado o no para su estrategia. Luego volveremos sobre este punto.

Rentabilidad de planes de pensiones

Está claro que, si tratamos el plan de pensiones como una caja negra cualquiera donde dejamos nuestro dinero, y que luego cerramos y abrimos treinta años después, el resultado no será demasiado reconfortante. Así los trata el “inversor medio”. El banco le vende un producto para complementar su jubilación, producto que aconseja en función del momento y de sus intereses comerciales. Unos años toca un plan garantizado, otro uno mixto, otro uno con un porcentaje alto de renta variable, etc. Está claro que ese plan puede o no ser adecuado para el período en que se contrata, pero seguro que no será adecuado para los próximos treinta años. Eso respecto a los planes de pensiones “comerciales”. También podemos optar por los planes de pensiones indexados en los que, si nuestro horizonte de inversión es el largo plazo, la rentabilidad será la del índice que replican menos las comisiones, que deberían ser muy bajas. ING, por ejemplo, comercializa planes indexados al Ibex, al Euro Stoxx 50 y al S&P 500. Luego están los planes de pensiones de autor, de gestoras que nada tienen que ver con los bancos y que acreditan buenas rentabilidades históricas.

Por lo tanto, primera conclusión: el plan de pensiones es un producto de inversión y, como tal, hay que hacer un mínimo seguimiento y gestión. Como ya comentamos en artículo introductorio, los traspasos no tienen coste fiscal ni (normalmente) comisiones. Aprovechémoslos.

Escoger un plan de pensiones adaptado a nuestra estrategia y momento de mercado y hacer un correcto seguimiento es fundamentalSegunda conclusión: escojamos planes buenos, que no tienen por qué ser los que nos ofrece nuestro banco de cabecera. Es bueno tener siempre claro que cuando una empresa nos ofrece algo es porque obtiene un beneficio. Que un intermediario nos ofrezca un determinado producto puede ser simplemente porque esté en campaña y no para proporcionarnos un producto adaptado a nuestras necesidades. Pero también hay muchos gestores que ofrecen planes de pensiones interesantes. Así de cabeza me suena que Bestinver y Metagestión tienen planes de pensiones con políticas de inversión análogas a la de sus fondos de inversión estrella, lo cual da una cierta seguridad sobre la calidad de su gestión. Y si no queremos gestionarlos e invertimos a largo plazo lo mejor es escoger planes indexados a los principales índices.

Sé que las comisiones lastran un poco la rentabilidad, pero buscando se puede encontrar planes que encajen con lo que buscamos. No hablaré de rentabilidades medias porque no me interesan en absoluto. Todos sabemos que con un poco de cuidado podemos superar la rentabilidad media de los planes de pensiones sin demasiado esfuerzo. De hecho, si pienso en la gente que conozco que tiene planes de pensiones no tengo ninguna duda de que seré capaz de mejorar su rentabilidad, ya que la mayoría de ellos invierten con la estrategia “caja negra” que comentábamos al principio de esta sección.

Rescate de planes de pensiones

El rescate de los planes de pensiones es parte fundamental de la estrategia de inversión utilizando estos productosEstá claro que este es el punto negativo de los planes. O no. Todo depende de la perspectiva desde la que lo miremos. Actualmente los planes de pensiones tributan como rentas del trabajo, es decir, cuando los rescatemos se sumarán a nuestro salario, pensión o rentas de alquiler. El argumentario que los bancos nos sueltan cuando llega cada final de año se basa en que la contingencia  normal para rescatar un plan de pensiones es la jubilación y, la mayoría de gente, en esa situación, sólo cobrará la pensión, que será menor que el salario que la generó, con lo cual la tributación será menor que la desgravación que obtuvimos en su momento.

Pero no siempre es así. Por ejemplo, recientemente se previó la posibilidad de rescatar los planes cuando se cumplan los diez años desde que se realizó la aportación, siempre a partir de 2025 y con los límites que decida el gobierno de turno. Si esto se acaba confirmando y rescatamos los planes utilizando esta posibilidad, el importe rescatado se sumaría a las rentas del trabajo y ahí seguro que perderíamos la desgravación obtenida y, posiblemente, bastante más.

Otro ejemplo: tengo un compañero de trabajo que cada año hace aportaciones a planes de pensiones y, además, tiene fe ciega en las inversiones inmobiliarias. Su estrategia para la jubilación es pensión + planes + alquileres. Siempre dice que cuando acabe de pagar el apartamento se meterá en otro piso y que, cuando se jubile tendrá varios alquileres. Con este escenario seguro que la tributación por el rescate de los planes sea mayor que la desgravación que obtiene actualmente. Aún así, en su caso es una buena idea invertir en planes de pensiones, porque lo que no invierte en sus hipotecas se lo acaba fundiendo 🙂  Aprovecho este segundo ejemplo para hablar de los alquileres. El que tenga la suerte de cobrar el alquiler por un inmueble tributará por él como si de un salario o pensión se tratase, con lo cual debe tenerlo en cuenta cuando piense si le interesa invertir o no en este producto.

Un punto a tener muy en cuenta es cómo tributan los planes de pensiones en el impuesto de sucesiones. Cuando fallece el titular de un plan de pensiones sus herederos no pagan por él en el impuesto de sucesiones. El plan de pensiones quedará a su nombre y, a partir de ese momento podrán elegir el momento del rescate, exactamente igual que si las aportaciones las hubieran hecho ellos y con las mismas consecuencias fiscales. Esto lo convierte en un buen instrumento para traspasar patrimonio sin coste, especialmente si el heredero tiene pocas rentas del trabajo y puede ajustar la tributación.

Vemos que constantemente sale la palabra “invertir” frente a la que se esfuerzan en repetir los comercializadores de los planes y los políticos: “ahorrar”. Los españoles lo llevamos marcado a fuego en nuestro cerebro: invertir malo (¡Especuladores!) y peligroso (¡El juego de la bolsa!), ahorrar bueno (buen padre de familia).

En resumen, como parte de nuestra planificación deberíamos tener presente cuáles son nuestros ingresos del trabajo (básicamente salario, pensión y/o alquileres) y, en función de ellos, decidir si los planes de pensiones tienen o no cabida, y pensar por anticipado cómo y cuando los rescataríamos. El “ya lo veré cuando llegue” no es una buena opción en este caso, porque los impuestos que paguemos en el futuro pueden ser superiores a la desgravación presente. De hecho, pensándolo bien, el “lo veré cuando llegue” NUNCA es una buena opción 🙂

Si volvemos al segundo artículo, en él vimos que si nuestras rentas del trabajo no son muy altas es posible ajustarlas para minimizar la tributación. El como y el cuando marcarán muchísimo lo que tendremos que pagar en el rescate. Y de eso trata el siguiente apartado.

Aplicación a la independencia financiera

A estas alturas seguro que ya se ve claro por donde voy. En general la independencia financiera, tal y como nosotros la entendemos, significa que no tenemos rentas del trabajo y que las rentas del ahorro (dividendos, ventas de acciones, etc…) cubren nuestros gastos. Con esta premisa, repasemos los tres puntos que hemos comentado:

Punto 1: rentabilidad inicial de la inversión: entre un 25% y un 47%. A esta rentabilidad habría que añadirle los obsequios que las entidades te suelen dar por contratar o traspasar planes. Mi banco me da un 3% con el único requisito de que ese importe siga en la misma gestora y con un plan que cobre más de un 1% de comisión. Es decir, puedo traspasar a cualquier plan de mi entidad que me cobre más de un 1% (que son todos los planes prácticamente). Para mi es más que suficiente, porque me permite una gestión correcta de mis planes.

Punto 2: rentabilidad asociada al producto. Siendo conservadores, ¿qué rentabilidad asumiríais?

Con un horizonte de inversión de 10 años la rentabilidad sería:

  • Como mínimo (25% + 3%)/10 + rentabilidad anual = 2,8% + rentabilidad anual.
  • Como máximo (47% + 3%)/10 + rentabilidad anual = 5% + rentabilidad anual.

Punto 3: rescate inteligente. Es decir, esperar a no tener otras rentas del trabajo y rescatar importes inferiores a 12.000 € para que la tributación sea prácticamente 0.

Hay un punto 4, que tampoco puedo obviar: vivimos en un país de pandereta… y que todo esto puede cambiar mañana mismo. Varios partidos políticos llevan en su programa modificaciones en la regulación de los planes de pensiones y especialmente en su rescate. Pero bueno, poco importa que lo lleven o no en el programa, últimamente lo que sale en las urnas se no es que tenga demasiado valor precisamente. Paro de hablar de política que me pierdo… Volviendo al tema que nos ocupa, si mañana nuestros políticos deciden que el rescate de los planes de pensiones tribute como rentas del ahorro, el importe rescatado se sumaría a los dividendos cobrados, que en nuestro caso sería considerable,y dejaríamos de tener control sobre la tributación del rescate.

Conclusión

La independencia financiera es mucho más segura si se fundamenta en diferentes estrategias, fuentes de ingresos y productos, como los planes de pensionesEn mi opinión, creo que es razonable valorar los instrumentos que tenemos a nuestro alcance para acercar la independencia financiera. Imaginemos que tengo 50.000 € en planes de pensiones que me ha proporcionado una rentabilidad (desgravación + rentabilidad real) de un 8% anualizado y que ahora los puedo cobrar sin tributación. Esos 50.000 € serían 1000 € netos al mes (hasta 12.000 € anuales la tributación es prácticamente cero) durante 50 meses. Es decir, he obtenido una rentabilidad del 8% y no tributo nada por ello. A mi un 8% me parece más que razonable, porque implicaría que la rentabilidad combinada de los planes estuviese entre el 3% y el 5.2%.

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