Mucha gente no entiende el dinero¡Hola, cazadividendos!  Hace unos días hablamos sobre Niño rico, niño listo, el libro de Kiyosaki que leí este verano. En uno de los comentarios esbozaba una de las ideas que me sale sin pensar cuando alguien administra su economía familiar cual hara-kiri financiero: la mayoría de gente no entiende el dinero. Y con entender el dinero no hablo de cuestiones sofisticadas como conocer productos financieros complejos, ni mucho menos. Ni siquiera hablo de cosas más sencillas, como no gastar más de lo que ganas. Hablo de cosas muuuucho más sencillas. Lo más sorprendente, por lo menos para mi, es que, ser o no ser una de esas personas que no entiende el dinero, no tiene nada que ver con que tengas más o menos formación ni con que trates más o menos con dinero.

Tengo compañeros que gestionan servicios de outsourcing de varios millones de euros, expertos en controlar la facturación o el beneficio de proyectos complejos, obviamente con formación universitaria, pero que no entienden el dinero. ¿Conocéis vosotros gente así? Curiosamente, ellos no saben que no entienden el dinero. Peor aún, están convencidos de que sí lo entienden. Eso me recuerda la frase: “No hay mayor ignorante que aquel que ignora su ignorancia“. Y en el fondo eso lo que pienso que pasa: la mayoría de gente vive en una ignorancia respecto al dinero que va más allá de cuestiones técnicas o teóricas. Entienden el concepto pero no entienden los matices. Lo intentaré explicar con varios ejemplos.

La gente no entiende que…

…hay veces que para ahorrar es necesario gastar más dinero.

Tengo un amigo en el trabajo que no tiene un perfil consumista. De hecho siempre controla mucho sus gastos habituales y mira bastante el dinero. Podríamos decir que no es una persona consumista en el día a día pero que, cada vez que reúne una cantidad de dinero importante, piensa en cómo gastarlo. Cambiar las ventanas, comprar muebles nuevos para la habitación del niño, reformar el lavabo… son cosas que ha hecho en el último año. Su piso tiene menos años que el nuestro, pero ya ha hecho muchos cambios que nosotros ni nos hemos planteado. Supongo que no planifica adecuadamente lo que va a hacer o no compra cosas de suficiente calidad y se acaban estropeando demasiado pronto. Cada vez que hemos amueblado una habitación, hemos pensado muy mucho para qué íbamos a utilizarla y luego hemos escogido los muebles a conciencia, e incluso los hemos encargado a medida. Por ejemplo, el estudio lo diseñamos para que se pudiese convertir en cualquier momento en un dormitorio adicional sin cambiar los muebles. La habitación de Cazadividendos Jr le servirá hasta que se vaya de casa, supongo que sobre los cuarenta tacos 🙂 Le haremos una habitación a medida y de muy buena calidad, y será cara, seguro, pero no tendrá estética de habitación infantil. Nada de habitaciones con colores brillantes que haya que cambiar cuando el niño cumpla los catorce  porque ya es mayor. Será una habitación “normal” con detalles para niño (los tiradores, algún cuadro, las lámparas,…) que pueden cambiarse más adelante. Pero la parte cara de la habitación tendrá que durar muchos años. Es decir, ahorraremos gastando más dinero.

…tiene que decidir él en qué gasta el dinero

Tú y no tu entorno tienes que decidir en qué gastas tu dineroSiguiendo con mi amigo, acaba de cambiarse de coche y el viernes pasó verdaderos apuros cuando le preguntaron por qué se lo cambiaba, justo después de haber demostrado con mil argumentos que el coche viejo estaba muy bien. “Ya tocaba, tiene quince años”, fue su respuesta, y se apresuró a añadir que el coche se lo daba a su padre y que tenía que durar muchos más años porque realmente estaba muy bien. Tengo que remarcar que a mi amigo no le gustan especialmente los coches. En cambio, es un apasionado de las bicicletas y se podría gastar 6.000 € en una bicicleta simplemente porque mejore cualquier aspecto técnico de su bicicleta actual, que rondó los 3.000 €. Curiosamente, se ha gastado 26.000 € en un coche que no necesita cambiar y que no le aportará felicidad, más allá de la excitación de la compra estos primeros días, y dejará de gastarse 6.000 € en una bici que le haría muchísimas satisfacciones. ¿Por qué lo hace? Aunque no me lo ha confirmado, mi teoría es que es una imposición social-familiar. Con su status, su estructura familiar y su nivel adquisitivo, su entorno le ha forzado a cambiar de coche. Su entorno decide en qué gasta el dinero, pero él será el que sufra o disfrute lo equivocado o acertado de la decisión.

 …tiene que escoger servicios o productos adecuados

Escoger bien el servicio en vez de centrarse en el precioUno de los errores más habituales es revisar lo caro que es un servicio o producto e intentar bajar el precio cambiando de proveedor o fabricante, cuando muchas veces el problema no está en el precio sino en el uso que se le da. Como ejemplo explicaré la manera en que usaba la Sra. Cazadividendos el móvil cuando la conocí. Se resume muy rápido: simplemente lo utilizaba. No miraba tramos horarios (en aquella época había franjas horarios con precios por minuto más bajos) ni pensaba en un uso eficiente, al salir de trabajar llamaba a sus padres aunque iba a verlos en casa en menos de media hora, etc… El resultado era una factura de móvil desproporcionada. Simplemente eliminando las llamadas innecesarias, escogiendo una tarifa adaptada a sus necesidades e intentando no llamar fuera de las franjas horarias baratas salvo para los casos necesarios, rebajó su cuota mensual de manera tan drástica que, con el importe que ahorraba, pagaba el gimnasio y pudo contratar un seguro de salud. El servicio no era caro, el problema era que no se había preocupado de adaptarlo a sus necesidades. Otro ejemplo clásico es tener contratado un gimnasio y no utilizarlo. El gimnasio no es caro en sí, lo que es caro es tener un gimnasio que no utilizas lo suficiente.

…los pequeños gastos son muy importantes

Es lo que con en la jerga de la familia Cazadividendos llamamos el “sólo son dos euros”. Parece una tontería pero es demoledor para la economía familiar. Una vuelta por el mercadillo o ir a hacer la compra sin tener una lista (física o mental) de las cosas que realmente necesitas suele acabar en un montón de cosas baratas que realmente no necesitas o no te convienen. Y si estamos en época de rebajas vuelves a casa con algo baratíiiisimo y moníiiiisimo que sólo te pondrás una vez. Creo que aquí se ha notado que estoy hablando de la Sra. Cazadividendos. En su descargo tengo que decir que ha cambiado mucho en este aspecto y ya no hace falta que intervenga con la pregunta anti-impulso: ¿realmente lo necesitas?. Ahora la pregunta ya se la hace ella y normalmente se la contesta diciendo que ya tiene algo en casa que le cubre esa necesidad. Creo que poco a poco ha cambiado su manera de pensar. Antes, su percepción de caro o barato era en términos absolutos: es barato si son pocos euros y caro si son muchos. Ahora está muy ligada al uso que le dará al producto: es barato si el precio es razonable para el uso, calidad y duración que me va a proporcionar. Y eso pueden ser muchos euros o pocos euros.

…los gastos recurrentes se evalúan en periodos largos

Los gastos recurrentes se evaluan en periodos largos para valorar su relevanciaTomemos por ejemplo los cafés que tomamos en el trabajo. El café con leche de la mañana en un bar próximo cuesta 1.50 € porque trabajo en un centro comercial bastante “exclusivo”. Si salgo del centro comercial, puedo tomar un café con leche incluso mejor por 1.15 €o. Si me traigo el bocadillo de casa me ahorro los dos euros que me cobran en el bar por él, pero tengo que descontar el coste de hacer el bocadillo. Como el bocadillo lo hago con pan de calidad y utilizo embutidos ibéricos, el ahorro es de “sólo” un euro. Me gusta mucho el café, y me tomo el del desayuno y el de después de la comida, pero prefiero no abusar y reservarlo para cuando tengo mucho sueño. Cualquiera de mis compañeros toman un par de cafés de máquina, que cuestan aproximadamente 50 céntimos cada uno, es decir, un euro en total.

La suma de ahorros es de 2.35 céntimos: 35 céntimos del café con leche del desayuno, un euro del bocadillo y otro euro de los cafés de máquina. Habrá gente a la que le parecerá un exceso de frugalidad (por no llamarle de otra manera) pero yo considero que no renuncio a nada, tomo lo que me apetece y además, en el caso concreto del bocadillo, con bastante más calidad.

A lo que íbamos. esos 2.35 céntimos proyectados a un año vista o, lo que es lo mismo, a unos 220 días laborables se traduce en 517 €. No es la primera vez que lo comento cuando alguno de mis compañeros me dice que no llega a fin de mes y su sorpresa suele ser mayúscula. Lo curioso es que acaba con una frase del tipo “no puede ser” y sigue haciendo lo mismo y quejándose de que no llega a fin de mes.

…los gastos de un producto deben incluir el mantenimiento

El ejemplo típico es el coche. Todos conocemos gente que tiene un segundo coche que no utiliza, pero que mantiene porque no gasta nada. Cuando se quejan de que el dinero no les llega a nada, siempre les propongo que se deshagan de él porque se les lleva un mínimo de seiscientos euros al año, y siempre te miran con incomprensión. No tienen en cuenta el impuesto de circulación, el seguro, la ITV, el mantenimiento básico, etc… El hecho de que el seguro se pueda fraccionar hace que parezca menos de lo que realmente es. Lo mejor de todo es que te dan la razón pero lo siguen manteniendo. Cuando han pasado diez años, tienen 6.000 € menos de lo que podrían tener… Incluso podrían comprarse un coche de segunda mano en el caso de necesitarlo 🙂

Conclusión

La gente cree que entiende cómo funciona el dinero. Y entiende la teoría, pero no entiende las consecuencias de sus actos respecto al dinero. Tengo un compañero de trabajo al que estoy intentando evangelizar. Se acaba de divorciar y se ha dado cuenta de que financieramente estaba en un punto de no retorno. El divorcio ha sido para él una especie de catarsis económica. Incluso me decía que en cuanto liquidase los trámites y fuese libre empezaría a invertir en fondos indexados, siguiendo mi consejo. Hace dos semanas firmó el divorcio. La semana pasada llegó al trabajo con un iPhone 6, que sólo le cuesta 15 € al mes durante 30 meses y diciendo que le había salido muy bien porque se lo compra por autónomos y se ahorra el IVA. No pude evitar decirle lo que pensaba. Sé que no debería haberlo hecho, pero lo hice. A mi también me gustaría tener un iPhone 6 (yo creo que a todos) pero me conformo con mi Vodafone Smartprime. No es un iPhone 6 pero se parece mucho. Y lo mejor de todo es que me ha costado CERO euros. ¿Su respuesta? Ya, pero yo quería un iPhone.

Normalmente tendemos a pensar que la gente que se entierra económicamente es consciente de sus actos y que lo hace simplemente porque prefiere disfrutar de la vida, pero yo siempre he creído que hay un punto de inconsciencia importante. Me resisto a crees que alguien se endeude para toda la vida y  sacrifique el bienestar de su familia sólo a cambio de placer inmediato. El amor por la familia lo evitaría. En mi opinión, el problema es que no entienden lo que están haciendo: creen que sólo están tirando los 1000 € de las vacaciones o los 800 € del iPhone, pero no se dan cuenta de que estos hechos puntuales forman parte de su patrón de comportamiento, que más que gastos puntuales son gastos recurrentes y que el efecto acumulativo tendrá consecuencias graves para ellos.

¿Cuál es vuestra opinión al respecto? ¿Creéis que la mayoría de gente entiende el dinero?

Si os ha gustado el artículo, como siempre, os pido que lo compartáis en las redes sociales. Es muy sencillo, sólo tenéis que pulsar en uno de los iconos que tenéis bajo estas líneas y seguir las instrucciones, y con ello ayudáis a que la comunidad siga creciendo.  ¡Qué tengáis buena caza!