¿Qué tiene que ver la bicicleta con la independencia financiera?¡Hola, cazadividendos! Esta semana he vuelto a utilizar la bici para ir al trabajo. Para la pregunta evidente “¿Y Por qué habías parado de utilizarla?”  tengo dos respuestas. La que me he repetido durante tres meses para autoconvencerme de que hacía lo correcto y la real. En este artículo hablaremos de la influencia de los pequeños gastos cotidianos en nuestro camino hacia la independencia financiera. Vamos primeros a los hechos. Un par de semanas antes de Navidad pinche al salir del trabajo, como me pillaba de paso y tenía pendiente hacer la revisión (que se debe hacer cada año, pero que yo no he hecho en los últimos tres años), la dejé en la tienda para que cambiasen la cámara y me hiciesen la revisión de paso. A las dos semanas volví a pinchar, pero esta vez al salir de casa, así que volví a casa para dejarla y me fui en metro a trabajar.

Como faltaban un par de días para Navidad pensé en arreglarla yo mismo aprovechando las vacaciones pero, cuando me dispuse a cambiar la cámara no pude porque el tornillo para soltar el cable del cambio estaba fijado. Muy bonita la Brompton, pero complicada como ella sola para hacer cualquier reparación.A partir de ahí, sucesión de acontecimientos: al amigo que me debía explicar como aflojar el cambio también se le estropeó la suya y hasta que le trajeron la pieza para repararla estuvo semanas sin llevarla a trabajar, con lo cual no podía explicarme cómo hacerlo y con Youtube no me aclaraba. Si a eso le sumamos que hacía bastante frío y que fue una época de bastante trabajo, el resultado fue que lo fui dejando, lo fui dejando…. hasta que mi amigo consiguió reparar la bici y me explicó cómo aflojar el tornillo del cambio. Sorprendentemente, lo hacía igual que yo, sólo que en mi bici el tornillo estaba muuuuuuy apretado. Así que todo el tiempo esperando no sirvió para nada y al final tuve que llevar la bici al taller para que me reparasen el pinchazo.

¿A qué viene todo este rollo y que tiene que ver con la inversión? La respuesta es que este hecho me ha hecho pensar en la importancia de la pereza en nuestra estrategia de inversión. La independencia financiera es un objetivo ambicioso que se consigue a base de ahorro e inversión. Si el ahorro es limitado y necesitamos optimizarlo para alcanzar el objetivo tendremos que ser muy disciplinados. Y la disciplina es enemiga de la pereza. Veámoslo con tres ejemplos vividos en primera persona:

La bici y el metro

Dejar de usar la bici por pereza tiene un impacto muy inmediato en nuestro ahorro y, por lo tanto, en nuestro objetivo de independencia financieraAprovecho el ejemplo anterior. La reparación me costó 12 € (7 € de la cámara, que hubiese tenido que pagar aunque la hubiese arreglado yo, y 5 € de la mano de obra), pero mi orgullo, el típico “lo arreglo yo”, me ha hecho esperar y esperar hasta que no he tenido más remedio. Resultado: tres meses en metro, que descontando las vacaciones de Navidad se han traducido en 10 semanas. Cada semana gasto una tarjeta de 10 viajes que me cuesta 9.95 €. No está mal. Mi orgullo me ha costado 99.5 €… ¿Cuanto son 10 € al mes durante 30 años? ¿Qué impacto tiene la pereza en mi independencia financiera? Y no entro a valorar los beneficios que he dejado de obtener por el hecho de ir en bici en cuanto a salud y eliminación de estrés. No sé qué tienen las actividades físicas, que por un lado nos hacen sentirnos tan bien cuando las prácticamos que pensamos que no podríamos dejar de hacerlo, pero que cuando dejamos de practicarlas por algún contratiempo, el esfuerzo mental para volver es tremendo.

El gimnasio

El gimnasio es uno de esos gastos hormiga que afecta mucho al objetivo de independencia financiero, porque lo normal es pagarlo todo el año y utilizarlo sólo esporádicamenteEstoy resfriado, esta semana estoy cansado, tengo muchas cosas que hacer, etc…. Todo excusas para no ir al gimnasio. Y cuando no era yo era la Sra. Cazadividendos En nuestro caso, además, vamos a un gimnasio bastante pijo, con una tarifa para parejas que “sólo” nos cuesta 109 € al mes. El caso es que hace cuatro meses que no lo pisamoso. O debería decir “pisábamos”, porque la semana pasada lo pisamos para darnos de baja. Nos intentaron convencer con una tarifa de mantenimiento de “sólo” 9 € (multiplicado por dos, obviamente) que pagaríamos mensualmente mientras no lo utilizásemos. 18 € por no utilizarlo, no está mal… Al no convencernos, nos advirtieron de que si volvíamos a apuntarnos antes de doce meses nos cobrarían la matrícula de 120 € (otra vez multiplicado por dos) y no nos podríamos acoger a las típicas promociones de matrícula gratuita. Cada vez me iba indignando más.

La traca final fue recordarnos que al apuntarnos tendríamos que volver a someternos a la “exhaustiva” (léase con tono irónico) revisión médica, pagando los 40 € en que está valorada. Otra vez volvemos a confundir precio y valor, porque esa prueba de esfuerzo y el cuestionario del médico no valen 40 €… ni 20. Total, que tanta traba no hizo más que convencernos de que estábamos haciendo lo correcto y nos dimos de baja. El gimnasio es una de las mejores inversiones en salud, si realmente lo utilizas. Si no, es uno de los agujeros clásicos de la economía familiar. En nuestro caso 109×12 = 1308 €. Ahí es . Ese dinero está muy bien invertido si utilizamos el gimnasio pero, si no, es un importe que podría estar empujando la bola de nieve hacia nuestra independencia financiera y no lo está haciendo..

Teléfono fijo, teléfono móvil y ADSL

Optimizar la factura telefónica (o de suministros en general) es una de las medidas más evidentes para acelerar nuestro objetivo de independencia financieraUna de mis asignaturas pendientes. Con la eterna excusa de no caer en las redes (nunca mejor dicho) de la voz IP, sigo con Telefónica como proveedor de línea, Orange como proveedor de ADSL y tarifa plana de llamadas y Vodafone como proveedor de móvil. Aceptar una de esas fusiones que están tan de moda y unificar los tres servicios en un único proveedor significaría una reducción de la factura mensual en unos 15 € como mínimo y un ahorro anual de unos 200 €. ¿Por qué no lo hacemos? En este caso la pereza, la posibilidad de quedarnos sin servicio en los días del cambio y las dichosas permanencias que tanto utilizan estas compañías hacen que cada mes perdamos dinero.

Estos son sólo tres ejemplos -vosotros supongo que tendréis otros similares- en los que, actuando con una cierta diligencia y sin renunciar a ningún servicio, podría conseguir un ahorro combinado de unos 1600 euros.

Si pienso un poco más, se me ocurren más casos. Por ejemplo, mi madre mantiene la línea telefónica del pueblo porque una línea fija es (o era) imprescindible para contratar los servicios de televigilancia y teleasistencia. Ella no vive en el pueblo y sólo  la mantiene por si en algún momento se fuees a vivir allí (cosa que nunca hará) y quisiese contratarlos. De momento, cada año paga 17 €/mes x 12 meses = 204 €. Otro ejemplo: mi suegro mantiene dos coches a pesar de que sólo necesita uno. Piensa que son muy baratos y que “ya no hacen coches como los de antes”. La realidad es que sumando impuesto de circulación, seguro e ITV el gasto mínimo de cada uno de sus coches se le va a los 600 €.

¿Por qué renunciamos a estas cantidades?  En mi caso, por pereza, por comodidad, por dejarse llevar (lo fácil es no hacer nada), por autoengañarme pensando que en el futuro utilizaré el gimnasio o que la voz IP es peor que la tradicional.

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