Una manera de incrementar el ahorro es preguntar por un mejor precio en un servicio, producto o suministro. Los proveedores suelen prever descuentos comerciales que ofrecen sólo si se los pedimos.¡Hola, cazadividendos! El martes leí el artículo “To Save Money Sometimes All You Have to do is Ask” en My Journey To Millions en el que el autor explicaba que una manera sencilla de ahorrar dinero es simplemente pedir al que te da el servicio que te cobre menos, y se me quedó ese pensamiento enganchado. Si lo pensáis detenidamente, en general damos por hecho que el precio de un servicio o producto es inamovible, pero si pensamos en términos de rentabilidad, el precio justo sería el que el comprador está dispuesto a pagar y el que el vendedor está dispuesto a aceptar, así que pedir una rebaja al vendedor entra dentro de lo lógico y se traducirá en ahorro para nosotros.. El regateo era algo establecido en el pasado, pero ahora es de mal gusto.


Mejorar el Ahorro negociando los precios con sentido común

Parece de Perogrullo, pero funciona: llamar al que te presta el servicio o enviarle un email o decírselo personalmente para que revise el precio de algo que consideras excesivo suele traducirse en una reducción del precio si realmente el precio no era justo. Pondré tres ejemplos que repito año tras año:

  • Los seguros son el más claro para mi. Sean de hogar, del coche o de cualquier otro tipo, basta con decir que estás contento con el servicio pero que el incremento en la cuota es superior al IPC o al incremento de la cobertura. Sin amenazar con irse, estrategia que utiliza el autor del artículo, normalmente acaban pidiendo una revisión de la cuota y concediendo o una rebaja de la cuota o un aumento de la cobertura, que a mi parecer es equivalente. Se puede pensar: cambia a una compañía que te cobren menos, tipo Línea Directa o similar, pero mi mujer y yo preferimos tener los seguros en compañías que nos den mucha confianza, como Mapfre.
  • El segundo ejemplo son las comisiones bancarias. Cada mes o dos meses reviso los movimientos de nuestras cuentas y las de nuestros padres, los pagos de tarjetas y cualquier contratación u operación bancaria en busca de comisiones, y reclamo todas las comisiones que nos han cobrado. Muchas veces están ocultas como, por ejemplo, la cuota de mantenimiento de la tarjeta, que está camuflada en el extracto mensual, pero vale la pena revisarlas. De acuerdo que para que te las devuelvan es necesaria una cierta vinculación y son más tanto más receptivos a condonar las comisiones cuantos más productos tienes contratados con ellos, pero si eres consciente de las comisiones que te cobran es fácil conseguir que no te cobren muchas otras. Por ejemplo, las comisiones de gestión y depósito de los fondos de inversión y los planes de pensiones están en torno al 2% del importe invertido y normalmente son productos comercializados y gestionados por la propia entidad, con lo cual la comisión es un beneficio directo. Con este argumento se pueden negociar muchas otras comisiones. En este caso, también tenemos la posibilidad de cambiarnos a un banco sin comisiones, pero prefiero pagar alguna comisión en CaixaBank (la mayoría consigo que me las devuelvan) porque me ofrece muchas posibilidades que otros no tienen. Su banca online, por ejemplo, está a años luz de la de los otros cuatro bancos / brokers que uso (Santander, BBVA, ING y Clicktrade).
  • El último ejemplo que pondré son las tarifas de las compañías de móvil. Muchas veces es tan sencillo como decir que no quieres una línea para que te la den gratis. Mi mujer tiene la línea de su madre en su contrato y le cobran 6 € al mes por ella, pero prácticamente no tiene consumo. Llamó diciendo que iba a pasar esa línea a tarjeta hace un par de años. Desde entonces, creo que esta es la tercera vez que le conceden no cobrar esos 6 € durante 6 meses. Sólo por pedirlo ha ahorrado 108 €.

Estrategia de ahorro

Como decíamos, si no estás de acuerdo con un precio, coméntalo con el prestador del servicio y arguméntalo. No hablo de amenazar con irte. Esta es una opción muy válida, y puede dar resultados (de hecho muchas veces los da). El problema, para mi, es que suele acabar en situaciones tensas, que no me resultan muy desagradables. Tenemos que tener claro el objetivo, que no es otro que conseguir un buen servicio reduciendo la actualización de precio que nos ofrecen o mejorando el precio final contratando una tarifa o producto más adecuado a nuestras necesidades. El resultado final será el mismo: más ahorro.

Por contra, argumentar que un precio ha subido más que el IPC, que la cobertura no ha subido en la misma proporción que la cuota, que la comisión es excesiva y ya pagas por otros conceptos suficientes comisiones por tu vinculación con la entidad o que pagar un gasto fijo por un consumo casi nulo te hace pensar en dar de baja la línea, suele hacer que el prestador del servicio se ponga en tu lugar y te entienda. Además no “quemas” ningún cartucho. Simplemente pides que lo que te cobran sea justo, sin amenazar cada año con irte.


¿Y ese ahorro vale la pena? ¿No es poco?

Esos pequeños ajustes de precio se traducen en ahorro, que además es acumulativo. Una reducción del 10% puede parecer poco, pero el importe resultante será la base para el cálculo de los precios de los años sucesivos.

Incrementar el ahorro de manera significativa a base de pequeños ahorros es una estrategia bastante efectivaAdemás, estos  gastos parecen menores, pero no lo son tanto: la comisión de una tarjeta, dependiendo del tipo, pueden ser 20, 30 o 40 € y tenemos que multiplicarlos por el número de tarjetas. El incremento de un seguro pueden ser 10, 20 o 30 €, que tenemos que multiplicar por el número de seguros: del coche, de hogar, de salud, etc… Y las compañías de ADSL, móvil, etc…. ofrecen descuentos “por ser tu” a cambio de una mínima permanencia, que pueden ser un 10 o un 20% de la factura. Si sumamos todo ello, el ahorro global es considerable.

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