Las dos caras de una moneda: ahorro o despilfarro¡Hola, cazadividendos! ¿Frugalidad o dilapidación? ¿Austeridad o derroche? ¿Reciclaje o apuesta? ¿Ahorro o despilfarro? ¿Cutrez o exceso? Los más benévolos pensarán que estoy jugando a los sinónimos y antónimos, pero seguro que más de uno piensa que se me ha ido la pinza. ¿Pero esto no era un blog de bolsa? Sí, y lo sigue siendo, tranquilos, pero hoy toca uno de esos artículos de reflexión, en el que explicaré alguna actitud, pensamiento o costumbre mía fuera de lo normal (o fuera de lo que la gente cree que es normal) que nos servirá para debatir sobre nuestra filosofía de vida.

El ser humano es contradictorio por naturaleza. Podemos actuar como pato vulgaris en algunos aspectos de la vida y como flamantes cisnes en otros, y muchas veces no sabemos la razón. Es más, la razón, valga la redundancia, nos dice que esta actitud no es coherente, pero aún así la seguimos manteniendo año tras año. Hace unos días estaba leyendo un artículo de Academia de Inversión que me hizo reflexionar. La idea del artículo no era nueva, pero se me quedó enganchada todo el día. Y no me gusta nada que eso me pase. Es más, odio que me pase porque, normalmente, cuando un pensamiento me viene una y otra vez a la cabeza es porque no estoy muy contento con lo que lo motiva.

Reciclar

Nunca he sido un gran fan del reciclaje. No me refiero al reciclaje de basura, que de ese sí que hacemos y de manera sistemática, sino a reutilizar productos que no son nuevos pero que  aún pueden cumplir su función. En general soy bastante reacio a comprar cosas de segunda mano. La razón es que creo que si cuestan menos es porque realmente aportan menos valor. Me podréis dar mil ejemplos que demuestren que no es así. El típico es el coche kilómetro cero 0 o de directivo, que vale no sé cuántos miles de euros menos que el nuevo y que sólo ha estado expuesto un par de meses en el concesionario o lo ha utilizado el jefe para hacerle 20.000 kilómetros de nada. La verdad es que no lo acabo de ver y siempre acabo tirando hacia lo nuevo.

¿Por qué no reciclar todo el mobiliario y complementos de un niño? El dinero no gastado se convertirá en ahorro adicional.El caso es que Cazadividendos Jr ha sido el desencadenante de una espiral recicladora inacabable. Por suerte, tanto la Sra. Cazadividendos como yo tenemos bastante familia, no directa pero sí muchos primos, y como hemos sido los últimos en tener críos tenían muuuuucha ropa y trastos de sus niños almacenados en sus casa que estaban deseando dejarnos. Y nosotros lo hemos aceptado prácticamente todo, incluso por triplicado, porque así tenemos material para casa de los abuelos Cazadividendos. Haciendo memoria… un carrito con las tres piezas (cuco, maxi-cosi y silla), tres cunas, dos colchones, tres moisés, dos hamacas, un cambiador-bañera, la silla para el coche, dos tronas, un sacaleches eléctrico, un esterilizador de biberones para el microondas, … Y si hablamos de ropita, aunque ha sido bastante menos porque los niños ya eran grandes y se habían desecho de la mayoría, nos han dado ropa de cama y para cuando sea algo más mayor.

¿Por qué no reaprovechar equipamiento que sólo utilizarás puntualmente durante un par de años, como una silla de coche? El dinero que non gastas se convertirá en ahorro adicionalHasta aquí bien. Yo encantado de haberme ahorrado dos mil o tres mil euros en un montón de muebles y complementos que en un año no me servirán para nada. El problema es que tengo incontinencia verbal y no puedo evitar decir lo que pienso cuando sale en la conversación. Casualmente un compañero también está esperando un hijo y hace unos días comentó que estaban mirando habitaciones para él. A mi me sorprendió mucho, porque nosotros ni hemos empezado y Cazadividendos Jr ya tiene dos mesecitos. También iba a encargar el cochecito en breve y yo, ingenuo, le dije: “pero tú ya tienes otro niño, ¿no te sirve el otro carrito?”… ¡Ueeeec, error! Nada más decirlo caí en la cuenta de que se había divorciado y el cochecito lo debía tener la ex, así que intenté arreglarlo rápido con un “¿o no te lo puede dejar algún amigo o familiar que haya tenido niños hace un par de años?”.

Y ahí ha empezado a explicarme que su mujer lo quería todo nuevo y que no quería reaprovechar nada, ni siquiera la que le daba su hermano. Sinceramente me he quedado muy descolocado. Entiendo que no todo el mundo sea tan poco mirado con estas cosas como yo y que no reutilizar cosas de según qué gente, pero que no te sirva lo que te deja tu hermano… El caso es que la conversación ha ido derivando poco a poco hacia un punto en el que yo me he empezado a sentir mal porque veía que el resto de la mesa, a pesar de darme la razón, en el fondo no me entendía. ¡Mi compañero hasta ha soltado un “es que ella quiere lo mejor para su hijo“! Lo ha dicho sin ninguna mala intención, porque es un trozo de pan, pero ha quedado claro que pensaba que yo no le daba lo mejor a mi hijo 🙂

Mientras volvía a casa, dándole vueltas, me he dado cuenta de que su postura no es tan extraña. Sin ir más lejos, mi primo, que me ha dejado una de las cunas que os decía, me dijo que llevaba años ofreciéndosela a todo el mundo (sus niños pasan ya de los 10 años), que nadie la quería y que ¡hasta algunas personas se ofendieron por el ofrecimiento! Y si miro un poco más cerca, la Sra. Cazadividendos no quería aceptar algunos pantalones tejanos porque “eran fríos”. Al final la convencí diciéndole que se los quedase por si acaso: los niños crecen muy deprisa, manchan mucha ropa y no está de más tener ropa de repuesto. Seguro que los acabaremos utilizando, no tengo la menor duda. De hecho, me parece una irresponsabilidad comprar otros pantalones si tienes estos que están bien. Remarco ese punto: la ropa está completamente nueva y el no utilizarla es simplemente porque no le gustan los tejanos sin forro. Para mi no es justificable comprar otros tejanos por esa razón. Lo del frío no es más que una excusa barata… ¡Que vivimos en Barcelona, no en Siberia! No creo que Cazadividendos Jr vaya a pasar frío. Por lo menos, no con las doce mantas que le pone encima cada vez que salimos a la calle.

¿Por qué no optimizar los regalos de Cazadividendos Jr? Se convertirán en ahorro adicionalLuego están los regalos. Nuestra política ha sido quedarnos los que nos sirven y cambiar todos los que no nos sirven. Parece de Perogrullo pero no todo el mundo lo hace. Evidentemente los regalos sentimentales no los hemos cambiado pero, por ejemplo, todo lo que nos han regalado de El Corte Inglés lo hemos devuelto y ya compraremos lo que necesitemos más adelante. Del resto de regalos, que normalmente son ropa, prácticamente los hemos cambiado todos por tallas mayores para asegurarnos de que no dejaremos sin utilizar nada. A ver si sé explicarlo bien con un ejemplo: si se nos han juntado seis trajecitos de tres meses, dos de seis meses y uno de nueve meses, nos hemos quedado con tres trajecitos de tres meses, tres de seis meses y tres de nueve meses. Es muy probable que nos quedemos cortos con tres trajecitos de cada talla y, en ese caso, tendremos que comprar más ropa, pero preferimos eso, comprar si es necesario, a arriesgarnos a que se quede sin usar.

Lo más sorprendente es que es difícil hablar de estos temas abiertamente. Siempre hay alguien que suelta un “no mires tanto el dinero, hombre” o un “si no te lo gastas en tu hijo ¿en quién te lo vas a gastar?”. A mi me resulta muy curioso. ¿Quiero menos a mi hijo por no comprarle dos trajecitos que no se pondrá, porque duerma en una cuna que era de mi primo y que está como nueva o porque lo lleve en un cochecito que me ha dado un compañero de trabajo? Yo creo que no. De hecho, creo que demuestro que lo quiero más, porque me preocupo por su futuro. Cazadividendos Jr tiene ya parte de ese ahorro en su fondo indexado. Doctor… ¿soy un cutre?

Lotería

Sobre el tema de la lotería ya hemos hablado en alguna otra ocasión, pero hace unos días leía este artículo de Academia de Inversión, en el explicaban el efecto FOMO (Fear Of Missing Out) o miedo a dejarlo pasar, que me hizo reflexionar. Antes de continuar, debo matizar que Paco Lodeiro, el autor, empezaba hablando de la lotería pero acababa orientando su artículo a evitar que el FOMO interfiera en nuestras decisiones financieras. Os recomiendo que le echéis un ojo: a mí me gustó mucho.

Comprar lotería de Navidad es ceder al FOMO y cambiar ahorro por despilfarro: ¿Y si les toca a los demás?Cierro paréntesis y vuelvo al tema de la lotería. Normalmente, cuando compramos un décimo en una época señalada (otra cosa es que lo compres un jueves cualquiera), uno de los factores determinantes es el miedo a que les toque a los otros, especialmente en los números que te ofrecen, como por ejemplo el trabajo. Pensar que le toque a todos tus compañeros de oficina menos a ti es una perspectiva penosa y eso hace que compremos, independientemente de nuestras convicciones. La razón nos dice que la posibilidad real de que las bolitas acaben conformando el número que pone en nuestro décimo son remotísimas, pero aún así compramos… por una razón puramente emocional.

En mi caso es incluso peor, porque compro varios décimos de cada FOMO: de mi trabajo, de mi anterior trabajo, del restaurante donde como, de mi lugar de vacaciones, del trabajo de la Sra. Cazadividendos, etc… Y no deja de ser curioso: capaz de proyectar los ingresos pasivos a diez años, de planificar fiscalmente ese momento o de esperar mese para hacer compras de aceite masivas, pero incapaz de resistirse a un juego en el casi soy seguro perdedor. Eso es como tirar dinero, ¿no?.  Doctor… ¿soy un despilfarrador?

Conclusión

En el caso del dinero, si se quiere tomar decisiones correctas, Entre el ahorro compulsivo y el despilfarro inconsciente. Deja que la razón decida.está claro que controlar las emociones es lo más importante o, por lo menos, esa es la teoría. Podemos ceder a un FOMO y comprar lotería o invertir en esa acción que si no compramos ahora se escapará y nunca más podremos comprar, pero tenemos que tener claro que lo más probable es que no nos toque la lotería y que esa empresa acabe volviendo a cotizaciones por debajo de la actual. Repsol a 19 € se escapaba… No me extrañaría verla en 28-30 € a final de año, decían los analistas. Pa’vernos matao

También puede pasar lo contrario. Quien no compró Viscofán, Inditex o REE se tira de los pelos porque no paran de subir, pero contra eso no se puede hacer nada. Es decir, nosotros tenemos la obligación moral de analizar un escenario e intentar escoger la mejor opción posible. Si decidimos comprar una de estas tres joyas a un precio después de analizarlas y el mercado les otorga un precio mucho mayor, no podemos hacer nada para evitarlo. O que decidamos no comprar lotería porque nunca toca y ese año precisamente toca en el número que no compramos. Mala suerte. Ya sabemos que se pueden hacer las cosas bien y que salgan mal….

Volviendo al tema del artículo, como ahorradores – inversores que vivimos inmersos en una sociedad consumista y cortoplacista nos veremos siempre en la disyuntiva entre hacer lo esperado, lo inteligente, lo correcto o lo racional. Y muy pocas veces coinciden. ¿Vosotros sois capaces de aislaros de los influjos de la sociedad y tomar vuestras propias decisiones de manera independiente? ¿Mantenéis a raya a los medios, las reglas no escritas y a vuestro entorno más próximo? ¿O cedéis en aspectos que no compartís simplemente para no ser bichos raros?

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